VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


La noche

Tuve la responsabilidad durante dos temporadas de dirigir y presentar el programa del canal 24 horas de TVE en el que esta semana ha sido entrevistado el coodinador general de EH Bildu Arnaldo Otegi. La polémica ha sido enorme y me ha recordado las maneras muy distintas en que se puede enfrentar el trabajo como periodista. Uno de los aspectos que más me ha separado de muchos de mis compañeros de oficio es mi decisión de no anteponer muchas de sus esclavitudes a la vida como ciudadano normal y corriente. En una palabra, creo que el periodismo no es una profesión especial que te revista con un manto de superioridad respecto al resto de los mortales. Y sobre todo, defiendo que uno es persona antes que periodista. Si viera un accidente de tráfico trataría de socorrer a los heridos antes que sacar mi micrófono para pedir una conexión en directo. 
Llámenme ustedes mal profesional, pero no entrevistaría en un medio público al cabecilla de La Manada. No entrevistaría en un medio público a Billy el Niño, el policía que torturó a miles de detenidos por el franquismo. Y por eso mismo no entrevistaría en un medio público al jefe del partido  heredero de las marcas políticas de una banda terrorista. Además de su condena por pertenecer a ETA, sobre sus espaldas recae otra más reciente que le inhabilita para ejercer cargo público alguno. ¿No puede ejercer cargo público pero sí ser recibido en la televisión pública que pagan todos los ciudadanos? Pongan ustedes la respuesta. 
Muchos colegas apelan al PERIODISMO con mayúsculas para defender la necesidad de que la televisión de todos entreviste a todos los dirigentes políticos, incluso si tienen a sus espaldas el pasado de Otegi. Muchos de ellos han exigido que TVE despidiera a colaboradores con condenas en los tribunales. Si pudiera albergar una sola duda sobre sobre el carácter periodístico de la entrevista a un terrorista, desaparecería al escuchar a los familiares de las víctimas de los crímenes cometidos por la organización a la que perteneció. 
Si aún persistieran mis dudas, las aclararía al comprobar que el partido en el gobierno está tratando de agradar al partido del entrevistado para que permita la investidura de su candidato. ¿O hablaría Otegi en TVE si no le interesara al PSOE que se escuchara su voz ahora?
Y si todavía me cabe alguna duda, se disiparía escuchando al entrevistado decir, en horario prime time nada menos que en la televisión estatal, que “lo siento si hemos generado más dolor del necesario o del que teníamos derecho a hacer”. Una mente que considera un derecho hacer daño a los demás sufre una desviación que hace pertinente evitar su convocatoria en un medio de comunicación sustentado por los impuestos de todos, incluidos los hijos de aquellos a los que asesinó la banda criminal a la que perteneció.


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