TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Sin mirar

Cada equis tiempo alguien comparte en un grupo de Whatsapp un vídeo en el que tres, cuatro o cinco brasileños están en una playa sin más compañía que un taparrabos… y un balón. Y empiezan a darle toques a la pelota. Uno cada vez. Y la pelota no cae. El barrigudo, el cincuentón y si hubiese un cojo también lo haría bien, claro que sí: son brasileños, y recogiendo toda la esencia del tópico han nacido acariciando un balón como si fuese el peluche que les tranquiliza o la mantita azul de Linus (Snoopy).

El brasileño de pura cepa no recoge una pelota suelta a un metro de la portería y la empuja con naturalidad. El fútbol sólo tiene sentido en sus cabezas cuando introduce una parte lúdica. ¿Aquel anuncio del aeropuerto (los jugadores de la seleçao jugando de paisano y Mais que nada de fondo)? ¿La mesa de fútbol-tenis en los vestuarios? Esencia natural. Por eso, retomando aquella pelota suelta, cuando Firmino no tienen ninguna oposición frente a Perú, la pelota controlada y la puerta vacía, gira el cuello hacia el centro de campo y marca sin mirar. Se trata de añadir un punto de riesgo a una jugada demasiado fácil, color a un remate gris, cierto arte a un proceso burocrático. En el fondo, fue sólo una frivolidad de muy sencilla ejecución para un profesional de buen pie, pero se te tiene que ocurrir en una décima de segundo… y eso es muy brasileiro.

Si algún día está usted haciéndose un paseo random por vídeos de YouTube y le apetece descubrir qué le refiero exactamente, ponga cualquier recopilatorio de Ronaldinho, cuyo paso por nuestra Liga fue pura gloria para el espectáculo: nadie se rió tanto en un campo de fútbol y nadie hizo sonreír tanto. Supongo que son cosas que se llevan en la sangre, pero en el fondo hay que agradecerles que quieran seguir sorprendiendo, divirtiéndose y divirtiendo.


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