Editorial

Los partidos recorren su particular camino de pasión en busca del triunfo

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Esta primera semana ha de ser con toda seguridad más tranquila y menos bronca

La coincidencia con la Semana Santa convierte la campaña electoral de estas Generales en un particular camino de pasión, que los partidos recorren situando a sus cabezas de lista en posiciones que fluctúan entre el victimismo del sentenciado a la derrota y el convencido de que la resurrección es posible, pasando por quienes se saben -o cuando menos lo creen así- necesarios para dar la victoria final a unos o a otros. La polarización de la sociedad, que tiene un claro reflejo en la política de la que ha desaparecido el bipartidismo y en la que han entrado otras fuerzas, viene derivando desde hace tiempo en discursos trenzados de populismo y de mensajes que rozan algunos extremos, cuando no se vuelven apocalípticos.

Cierto es que la mayoría de los españoles ocupa un lugar ideológico equidistante de los polos opuestos de la derecha y la izquierda, pero no lo es menos que el amplio espacio del centro no tiene en estos momentos un dueño claro y eso también contribuye a que estemos ante los comicios más reñidos de la democracia y a que el porcentaje de indecisos sea tan elevado que casi todo es incertidumbre de aquí al 28 de abril. Por eso mismo la campaña se ha iniciado con trazos gruesos y actitudes tan poco defendibles como la de crear una falsa agencia de viajes para atacar al candidato socialista o la de ningunear este un debate público a cuatro y optar por otro en un medio privado en el que también esté Vox para mantenerlo en la picota y que sus mensajes provoquen un miedo que beneficie al PSOE, o la de apelar al insulto y a la minusvaloración de los candidatos de PP y Ciudadanos en las redes sociales. Sin olvidar ataques personales, cercanos incluso a la agresión, en algunos actos públicos. Actitudes irrespetuosas todas ellas y que dicen bien poco en favor de una democracia que se supone madura y perfectamente consolidada.

Esta primera semana ha de ser con toda seguridad más tranquila y menos bronca, al menos en la calle, por coincidencia y por respeto a unas tradiciones religiosas, culturales y etnográficas tan arraigadas en España como las procesiones que conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, que ocupan los cascos históricos de pueblos y ciudades y concitan en torno suyo grandes concentraciones de público. Sumadas la devoción de muchos, la mera contemplación de muchos más y la llegada masiva de turistas, tiene poco sentido convocar mítines en lugares públicos esperando una respuesta mayoritaria. La salida vacacional, por otra parte, de muchos españoles, que quieren olvidarse por unos días de los problemas y las realidades cotidianas, resta efecto a los actos de campaña.

Así las cosas, los partidos dejarán su carga pública más consistente para la segunda y última semana de campaña, aunque no cerrarán las redes sociales, que nunca descansan.


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