Lo imprescindible

Juana Samanes

Crítica de cine


El palacio ideal

06/11/2020

La fe del español Antonio Gaudí le impulsó a construir la Sagrada Familia y, en otra escala, el amor que sentía por su hija le llevó a un hombre humilde, Josep Ferdinand Cheval, a construir un palacio de cuento con tan solo piedras recogidas de la Naturaleza.
 Inspirada en hechos reales, este drama galo nos lleva hasta Francia a finales del siglo XIX. Un cartero, apellidado Cheval, lleva repartiendo el correo, todos los días, por las aldeas de Drôme. Tras enviudar conoce a una mujer, Philomène, con la que tiene una única hija, Alice, y debido a que es un hombre inexpresivo, y de pocas palabras, para demostrarle su cariño a la pequeña se empeñará en construirle una extraordinaria obra de estilo naif, en la que empleará más de tres décadas.
 Nils Tavernier, hijo del famoso director Bertrand Tavernier (Hoy empieza todo), se enamoró de este cartero silente y de su historia. Para ello, tuvo que documentarse sobre la época y los personajes, e intentar entenderlos. Así, Ferdinand era un tipo «raro», al que no comprendían sus vecinos, que se encontraba pleno en la Naturaleza y no en la sociedad. Como contrapeso, su esposa, mucho más sociable, era una mujer de su tiempo y le apoyaba incondicionalmente aunque no compartía algunas ideas y le reprochaba su terquedad. El primero está interpretado por el actor Jacques Gamblin, mientras la segunda por Laetitia Casta, que con la madurez no solo ha mantenido intacta su belleza sino que se ha convertido en una gran actriz. 
 De ritmo lento, tan pausado como el propio protagonista, los mayores problemas a los que se enfrentó el equipo técnico de la película fue filmar en un lugar clasificado como Monumento Histórico y reconstruir, paso a paso, el inicio de la construcción del Palacio. Para ello tuvieron que utilizar efectos especiales que, confiesa el cineasta, « parecían rompecabezas chinos». También pusieron mucho énfasis en el apartado fotográfico, se inspiraron en los lienzos del pintor realista lírico Fantin-Latour, que utiliza mucho los ocres y las gradaciones de gris y negro.
 Josep Ferdinand Cheval fue un hombre misterioso, pero su historia es universal desde el momento en que demuestra que todo es posible si se posee constancia y tesón para lograr un objetivo.