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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Cooperación transversal

21/09/2021

A pesar de que cuentan con muchos intereses comunes, por padecer los mismos problemas o simplemente por proximidad, o porque tienen un intercambio económico más intenso que con otros territorios, la cooperación horizontal entre distintas comunidades autónomas no es tan frecuente e intensa como debiera. Que en ellas existan gobiernos de distinto signo político no contribuye a que los acuerdos se alcancen con fluidez, porque en muchas ocasiones son el arma arrojadiza que utilizan las direcciones de los partidos nacionales para elevar la tensión y el enfrentamiento.  

El presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig está dispuesto a transitar el camino del diálogo transversal para tratar de resolver uno de los principales déficits de su administración, la renovación del modelo de financiación autonómica, caducado desde 2014, para acabar con la situación de infrafinanciación que arrastra su región desde hace muchos años. Puig se ha entrevistado en los últimos tiempos con un presidente autonómico independentista, Pere Aragonès; con su correligionaria balear, Francina Armengol, y el martes lo hará con el presidente popular andaluz, Juan Manuel Moreno. A los tres les interesa y les une el impulso a las infraestructuras mediterráneas y sobre todo que el proyecto tenga en cuenta la población ponderada como eje del reparto de los fondos.  

Otros dos presidentes autonómicos de distinto signo político, el gallego Alberto Núñez Feijóo, y el castellanomanchego, Emiliano García-Page, también han iniciado un proceso de colaboración para que el proyecto de financiación autonómica que el gobierno iba a presentar en el mes de noviembre pero que seguirá durmiendo en un cajón, tuviera en cuenta otros criterios demográficos como la dispersión y el envejecimiento de la población.    

Una y otra iniciativa, coincidentes en el fondo, debieran tener la virtualidad de forzar a los jefes de los partidos políticos y al Gobierno a cambiar de actitud, a impulsar el acuerdo, y a que la agenda política dejara de tener como ejes la renovación del CGPJ o el debate territorial sobre Cataluña, para centrarse en un asunto que es vital para mejorar el nivel de vida de los ciudadanos, por cuanto los servicios públicos dependen de un reparto equitativo de los fondos que contemplen todas las variables, y aun sabiendo que nadie terminará plenamente satisfecho al término del proceso, al menos se habrán minorado algunas de las diferencias más sangrantes. 

Que entre las comunidades autonómicas perjudicadas por el actual sistema de financiación autonómica haya gobiernos encabezados por distintos partidos, y que se encuentren dirigidos por ‘barones’ con un peso importante dentro de sus organizaciones debiera llevarlos a presionar para lograr el acuerdo. Porque de algún modo habrá que superar los intereses electorales y el bloqueo político existente para acordar aquellas leyes que necesitan una mayoría reforzada.    

El desarrollo el estado autonómico ha pecado de un esquema demasiado vertical cuando la perspectiva de una mejor federalización debiera tomar en consideración una mayor cooperación entre las comunidades vecinas, que permita superar el nacionalismo autonómico mal entendido, y en el que la vigilancia para que ninguna comunidad autónoma obtenga prebendas debe ir acompañado del deseo de entablar una mayor colaboración y una mejor solidaridad entre los vecinos.