PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


Ciencia, anticiencia y seudociencia

18/07/2020

Estoy preocupado por las habituales informaciones que ignoran el conocimiento científico o lo niegan. Es llamativo el aumento de anuncios de videntes, curanderos, adivinos y otros engañadores. Estas posturas anticientíficas de oposición a la ciencia y a los métodos científicos, por considerar que el trabajo científico ha causado más daño a la humanidad y al planeta que los beneficios que ha generado, tratan de reemplazar la ciencia por las seudociencias (la medicina alternativa ataca a la medicina basada en la evidencia) o por planteamientos ideológicos o religiosos (la Biblia plantea ideas incoherentes con el conocimiento científico). Anticiencia y seudociencia son conceptos diferentes, esta última es una creencia supersticiosa que intenta respaldarse con una base científica; ambas se presentan como reveladoras de conspiraciones de los gobiernos y mucha gente lo cree por desconfianza en las instituciones.
Una postura anticientífica me ha llamado especialmente la atención: la defensa de que la tierra no es una esfera sino que tiene forma de lenteja, un gigantesco disco de 9 kilómetros de profundidad rodeado por una pared de hielo de 60 metros que nos separa del abismo, cubierto por una cúpula en donde se colocan el sol, la luna, las estrellas y planetas que no son más que luces situadas a unas millas de la superficie terrestre. Los griegos descubrieron el tamaño y la forma esférica de la tierra (Eratóstenes) así como la distancia de la tierra a la luna (Aristarco e Hiparco). Hoy se conocen con exactitud las distancias a los planetas y las estrellas. Estas evidencias son ignoradas por los ‘terraplanistas’ porque están convencidos de que la NASA y los gobiernos mienten, que los astronautas pueden haber sido engañados y que las fotos y los satélites también son falsos. Discrepo en que los hechos deban someterse a un debate de opiniones ya que son evidencias contrastadas. Los debates políticos o filosóficos deberían versar sobre las ideas, sobre los modelos que explican los hechos o sobre todas sus implicaciones, pero no sobre los hechos.
Tengo la amarga sensación de que el pensamiento anticientífico y las seudociencias van ganando terreno. Se desprecia la ciencia pero se valora la tecnología (ciencia aplicada) que nos hace más confortable la vida. Como profesores debemos formar a nuestros alumnos en el método científico, en la valoración de la ciencia como la más noble conquista del espíritu humano y a mantener una actitud crítica antes las informaciones y, más aun, las aparecidas en internet donde cualquiera puede exponer lo que le parezca oportuno, lo que ha contribuido al crecimiento de los populismos y la desinformación. Especialmente YouTube desarrolla, muchas veces, planteamientos antagónicos con los de la ciencia. El sistema educativo debe erradicar la anticiencia y la seudociencia. Es una labor ilusionante y difícil porque la actitud científica implica esfuerzo. La Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León pretende potenciar entre el alumnado, con los Premios de Investigación e Innovación, el método científico. También hay que destacar los Premios de la Fundación Endesa a la Ecoinnovación Educativa que suponen un reconocimiento a los centros que destacan por actividades de educación ambiental. Este año, el IES Castilla, con el trabajo ‘Indicadores de sostenibilidad en un ecosistema urbano’, ha conseguido uno de los premios nacionales. ¡Enhorabuena!



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