DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Gastar con cabeza

26/06/2020

De esta crisis se sale gastando lo que no se tiene. La anterior se superaba ahorrando hasta el estrangulamiento de países y familias. Quienes mandan en el mundo, una decena de organismos internacionales obedientes al poder económico, explican ahora que la crisis de 2008 era financiera y el obligado pago de la deuda hacía necesario el ahorro. Los calificados como países deudores, los más pobres, fueron obligados a articular medidas draconianas. No dudaron en utilizar, incluso, la estrategia de la propagación del pánico, como cuando el Gobierno de España suprimió la paga extraordinaria de los funcionarios.
Ahora es diferente, nos dicen los mismos, porque la crisis no es sistémica, es coyuntural, un accidente en la marcha de la economía mundial provocado por un agente microscópico, un virus.
 Uno sospecha que el planteamiento no es tan generoso. La pandemia no ha hecho distinciones, afecta también a los países ricos, a los que producen y venden. Así que el objetivo no sería salvar personas. Ahora toca salvar el mercado. Alemania, que es quien manda en Europa, está dispuesta a utilizar medidas extraordinarias de ayuda a los países pobres, a los que hace 10 años despreciaba con el mote de cerdos (los pics). Merkel y sus empresas saben que si se generaliza la pobreza en la Unión Europea se quedarán sin los clientes de sus coches, sus electrodomésticos, herramientas… y sin Unión. No es diferente el problema en el resto de los estados poderosos que concentran y dirigen el movimiento de la economía globalizada.
Así que a gastar. «Estamos diciendo a los Gobiernos, gasten cuanto puedan», ha confesado la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Giorgieva. Claro que también ha recomendado que se gaste con cabeza y que se guarden los recibos para rendir cuentas en el futuro. No vale, cabe añadir, que se repita aquel Plan E de Zapatero, tan voluntarioso como ineficaz. Ni el retoque de las rotondas ni el reasfaltado de calles creó la urdimbre de empleo futuro. Estaría bien que al menos aquel fiasco haya servido para no cometer ahora el mismo error. Porque los acreedores seguirán siendo los mismos.



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