TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Economía

14/01/2020

Llevamos años y años diciendo que, para resolver nuestros problemas, tenía que llegar la hora de la política y resulta que la que ha llegado es la hora de la economía. O eso afirman muchos de los tropecientos mil expertos que han valorado estos días el nuevo gobierno de Pedro Sánchez. Todos coinciden en destacar la preparación y el peso de los ministros del área económica y, especialmente, la personalidad de la titular de Exteriores, Arancha González Laya, gran experta en comercio internacional y con un currículum impresionante en Europa. ¿Quiere todo esto decir que Pedro Sánchez se va a volcar en la economía en detrimento de otras facetas tan complicadas como la territorial con la cuestión catalana como estrella? No lo creo, máxime cuando Torra, Puigdemont, Junqueras y demás compañeros mártires siguen en sus trece, no rectifican y se mantienen en abierta rebeldía contra decisiones judiciales que les perjudican. Sin embargo, sí creo que el nuevo gobierno va a dedicar una atención muy especial a lo económico. De algún lado habrá que sacar el dinero para cumplir las promesas de subir salarios, aumentar las pensiones y cuidar aspectos sociales que necesitan sus buenas partidas. ¿Esa dedicación será el eje central de las actuaciones del Ejecutivo? Lo veremos enseguida. Y veremos también si el asunto catalán es uno más o si continúa siendo el único, como ha sucedido en los últimos tiempos con el consiguiente eclipse de los demás. En esto soy pesimista. Más que nada porque PP, Vox y Ciudadanos no dan ni un segundo de tregua en este terreno (bueno, en el resto tampoco) y parece que disfrutan (o necesitan) mantener la bronca del pròces en primer plano por los siglos de los siglos. Ya que no pueden tachar de comunistas o radicales a los nombramientos económicos, lo indispensable para mantener la crispación y contentar a los nuestros es insistir en la venta de España, en la ruptura nacional y otras apocalipsis similares. ¿Y si no se produce la catástrofe final? Pues, inventamos otras, que nunca nos faltarán unos buenos desastres que llevarnos a la boca.



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