CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El punto débil de Pablo Iglesias

Pablo Iglesias no se resigna a ser “cooperante” del gobierno de Sánchez –en el caso de que haya gobierno, la cosa se está prolongando excesivamente- y quiere ser ministro. Le va mucho en ello, no solo alimentar su ya de por sí exagerado ego sino que si apoya la investidura de Sánchez pero se queda fuera del gobierno, su carrera política quedará muy tocada.

El partido se le está deshaciendo a ojos vistas, le han abandonado todos los que crearon Podemos provocando un espíritu ilusionante en infinidad de españoles de izquierdas desencantados con el PSOE, y encima los resultados electorales no han sido los esperados. Es una de las razones por las que Pedro Sánchez no quiere ni oir hablar de hacer ministro a Iglesias, aunque habrá que ver cómo se las arregla para ser investido sin la colaboración imprescindible de Podemos.

Pablo Iglesias se encuentra por tanto en una situación complicada porque le fallan personas que jamás pensó que podían fallarle; aunque a lo mejor tendría que preguntarse por los errores cometidos por él mismo para que sean tantos y tan cercanos los personajes que le han dejado en la estacada. Pero además de los abandonos, con el tiempo han aparecido puntos débiles que hacen complicada su recuperación política. Por eso Sánchez insiste en la cooperación y en ningún caso acepta la coalición.

Uno de los puntos flacos son las famosos círculos que dieron pie a que naciera Podemos. Grupos formados a lo largo y ancho del mapa, que movilizaron a millones de personas en torno a una nueva formación política de izquierdas; grupos que se sentían fuertemente vinculados al equipo de Iglesias porque eran consultados y escuchados, tanteados para formar parte de sus listas electorales y se les pedía opinión para elaborar el programa de gobierno del partido. Llegaron a la sede de Podemos montañas de sugerencias y propuestas, que fueron la base del programa… y que se han quedado en nada una vez que la legislatura echó a andar y, como ha ocurrido siempre en todos los partidos, Podemos tuvo que asumir que hacer política es pactar, negociar y ceder. Aquellos círculos, invadidos por el desencanto al advertir que los dirigentes de Podemos asumían los modos de “la casta” a la que tanto criticaban, se quedaron finalmente en nada y ya no están en lo que diga Pablo Iglesias.

El segundo punto flaco es su mujer. Irene Montero es brillante y tiene defensores, pero la mayoría de la gente de Podemos, en privado, expresa su disconformidad con que el partido pivote en torno a lo que decide la pareja mientras se tiene nada vez en menos consideración la opinión mayoritaria de los órganos que supuestamente marcan el camino a seguir.

A todo ello se suma el problema más serio que tiene Iglesias de cara a conseguir su objetivo de convertirse en ministro: Pedro Sánchez no se fía de él. No se fía nada.


Las más vistas

Opinión

A las seis en el árbol de la música

Los pupilos que han correteado la Dehesa bajo su atenta mirada tienen en Ramón  a un gran entrenador, pero también a un referente en valores, en principios y en conceptos vitales