SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Y vuelta a prometer

Vuelve Mañueco con su promesa del acelerador lineal. A estas alturas, ¿quién le cree? Yo, no. No le creo, porque ni él ni su antecesor han cumplido sus promesas con Soria ni en materia sanitaria ni en otras disciplinas. No le creo porque el vicepresidente Igea, que es el que le sopla al oído a Mañueco lo que tiene que decir, ya anunció en la campaña electoral que no era partidario de que Soria tenga radioterapia. Me costó un pequeño encontronazo con él. Me pueden torear, engañar, manipular, mentir o confundir con cualquier proyecto regional; pero con éste, no. Sé muy bien lo que es la radioterapia porque yo he recibido el tratamiento. Sé lo que es ir a Burgos  un día tras otro, de lunes a viernes. 35 sesiones. Mes y medio.  140 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Así, un día tras otro. Yo elegí ir en mi coche. Yo misma conducía. No veía el último día. Es la sensación de mayor desamparo que he vivido en mi vida. Pensaba, ¿por qué yo que vivo en una capital de provincia y pago los mismos impuestos que otros ciudadanos que viven en otras capitales de provincia tengo que hacerme todos los días 280 kilómetros? Se han pasado dos años y pico y sigo sin encontrar respuesta a esa pregunta. Y dos años y pico después, los nuevos enfermos oncológicos siguen teniendo que hacerse sus viajes a Burgos o Logroño o donde sea. 
Me ofrecieron otra opción: desplazarme en la ambulancia con otros pacientes que también recibían radioterapia. Me negué. Había viajado unos meses antes en una de esas ambulancias, también a Burgos, para hacerme la prueba del ganglio centinela, una prueba que tampoco se puede hacer en Soria porque tampoco tenemos medicina nuclear. Si es que no tenemos de nada. Y tras la experiencia en aquel viaje, decidí no volver a usar una ambulancia si tenía la opción de elegir. Es la mayor sensación de incomunicación que he vivido jamás. Es una cárcel. Vas encerrada en un cubículo desde el que no se ve nada. No sabes por dónde vas. No ves el campo. Ni el cielo. Ni otros coches con los que te cruzas. Eso sin contar el traqueteo de un vehículo incomodísimo. No entiendo porqué unos pacientes, no ingresados, vestidos de calle, que hacen un viaje a recibir un tratamiento, tienen que hacerlo en una ambulancia. Ya que no podemos tratarnos en nuestro hospital, que nos garanticen al menos un desplazamiento digno, en un vehículo cómodo. En uno que no traquetee y que te permita ver la vida pasar si miras por la ventanilla. Que puedas bajarla si te apetece y gritar si tu alma te lo pide.
No estoy contando nada nuevo. No estoy denunciando ningún incumplimiento nuevo, quizá uno más. Pero cualquier experiencia compartida puede ser un granito de arena en las reivindicaciones que justamente realizamos los sorianos. 



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