SIN RED

Loli Escribano

Periodista


La espinita

31/07/2020

¡Pobres hermanos Bécquer! La pandemia se ha encargado de que el 150 aniversario de la muerte de Gustavo Adolfo y Valeriano vaya a pasar sin pena ni gloria. Desde luego que los momentos que estamos viviendo son totalmente afines al espíritu romántico del literato. Bien podrían haber inspirado alguna de sus leyendas. Puestos a hacer memoria, hace unos días, el 26, se cumplían 145 años del nacimiento de Machado en aquel patio fabuloso de Sevilla que todos imaginamos al recitar su poema. Quedan cinco para el 150 aniversario. La vida pasa volando. Por ese motivo, las instituciones deberían ponerse ya a trabajar y a idear la manera de celebrar y, sobre todo, de aprovechar desde el punto de vista turístico la imagen de Machado. También deberían haberlo hecho este año con los Bécquer, porque con unos y con otros, nos va a ocurrir lo mismo que en 2007 cuando se conmemoró el centenario de la llegada de Machado a Soria. Que pasó el año y con él la oportunidad de mantener y retener el recurso machadiano como referente turístico. O como con el 2150 aniversario de la caída de Numancia. Nada queda de ninguna efeméride. El turismo no sirve para nada si no deja riqueza. En esta ciudad tenemos una espinita con los poetas. Nunca se les ha reconocido debidamente y desde el punto de vista económico no se ha sabido rentabilizar las figuras de los escritores que por unas circunstancias u otras lograron poner a Soria en el mapa literario. Ni siquiera la integración en la Red de ciudades machadianas nos ha servido para que la capital atraiga a turistas que quieran reconocer al sevillano en sus calles, paseos, paisajes o edificios. Seguimos sin encontrar la manera de sacarle rendimiento a ese regalo que nos dejaron las casualidades o las biografías de Machado y Bécquer.
Los machadianos tienen que conformarse con visitar la tumba de Leonor, el olmo seco que no es el auténtico olmo seco e imaginar la pensión donde conoció a su esposa. A los turistas que vienen sin guías les cuesta reconocer en el paseo de San Saturio y San Polo los paisajes de sus Campos de Castilla. Ya del Mirón, ni hablamos. Aunque la escultura con las siluetas del matrimonio presiden los cuatro vientos, muchos turistas se marchan de Soria sin verla y sin saber que Don Antonio empujaba por ese paseo el carrito en el que iba muriéndose la soriana con la ilusión de insuflarle vida. Da la sensación de que con el auge del turismo deportivo de los últimos años, se ha tirado la toalla en lo referente al turismo literario. Como si el uno y el otro fueran incompatibles. Estoy convencida de que ya que el COVID ha frustrado el recuerdo de los Bécquer, en los cinco años que restan para celebrar el 150 aniversario de Machado, alguna mente privilegiada sabrá encontrar la fórmula que saque la espinita.