LA MAREA

Antonio Pérez Henares

Escritor y periodista. Analista político


Cuando el Cid era republicano

09/12/2019

La conclusión general según el baremo dictado por la progrería nacional, oráculo y dogma del saber según ellos mismos, claro, es que Rodrigo Díaz de Vivar, alias Cid era un facha de mucho cuidado. En realidad, ya se habrán ido dando cuenta ustedes que para estos hegemónicos y subvencionados especímenes, fachas somos todos los españoles, salvo ellos, faltaría más, que por tanto se avergüenzan de serlo. Como esa profesora y ese director de Instituto de Marbella que han sancionado a un chaval de 17 años porque tuvo la desfachatez de, tras leer unos capítulos de la Constitución Española en el día de su aniversario, culminarla con un ¡Viva España!. Tamaña trasgresión no podía quedar sin castigo y el centro escolar ha abierto un expediente sancionador contra él muchacho. Dicen sus inductores que decir "Viva España" puede alentar el "odio". Pues bien, a quienes antes que a nadie, y no se a que leches está esperando la Junta de Andalucía para hacerlo, se debía expedientar de inmediato es a esos dos presuntos educadores y que visto lo visto habían de dejar de serlo. Porque el único odio que en verdad parece ahí haber es el suyo contra España. Si son los enseñantes ya me dirán ustedes que cosa decente pueden enseñar. La Junta andaluza debe, de inmediato, intervenir, amparar a ese menor y poner en su sitió a esos profesores que a quienes insultan es a todos los españoles con su actitud.

Pero volvamos al Cid. El facha de Vivar según tanto ignaro y seguro que según esos dos pájaros citados también. Al infanzón castellano le han utilizado, y mira que él se dejó muy poco, por doquier y por parte de todos. Como para perderse la propaganda al que sin duda es el más hermoso poema épico del mundo y que une a su belleza y emotividad toda una serie de elementos que lo hacen tan innovador como estremecedor. De inicio y al revés que el resto de los Cantares de gesta, el es un hombre del pueblo que se diría hoy, no es ni príncipe, ni sobrino de rey ni cosa similar. Un desterrado que hasta se pone a llorar. "De sus ojos tan fuertemente llorando" es como se despide de su tierra natal.

Franco y el franquismo lo hicieron y mucho, ¿quién lo va a negar? Pero no fueron para nada los primeros ni los únicos. Pasen y vean y se quedarán perplejos como me quede yo cuando se lo escuché, y cito como es ley a la autora del descubrimiento, a Elvira Roca Barea y demostrar ante el atónito auditorio en la UIMP de Santander y hace unos días en el propio Burgos que el Cid había sido, también lo fue Pelayo, un icono de la propaganda republicana durante la Guerra Civil. No se olvide, aunque de eso ¿que van a saber los actuales y "heroicos combatientes" de hoy en día, o sea 83 años después, que los moros iban con Franco. Hay cantares y coplas a puñados, y entre los mineros asturianos de entonces más, proclamándose pelayos. Y en el caso de Rodrigo, antes de que el franquismo le pusiera la camisa azul, ya le habían puesto los otros la de miliciano.

Nada menos, como botón de muestra no está mal, que el gran Antonio Machado y en el discurso de Clausura de Congreso Internancional de Escritores con la República de Valencia, lo proclamó urbi et orbe: "Alguien ha señalado, con certero tino, que el Poema del Cid es la lucha entre una democracia naciente y una aristocracia declinante. Yo diría, mejor, entre la hombría castellana y el señoritismo leonés de aquella centuria. No faltará quien piense que las sombras de los yernos del Cid acompañan hoy a los ejércitos facciosos y les aconsejan hazañas tan lamentables como aquella del robledo de Corpes. No afirmaré yo tanto, porque no me gusta denigrar al adversario. Pero creo, con toda el alma, que la sombra de Rodrigo acompaña a nuestros heroicos milicianos y que en el Juicio de Dios que hoy, como entonces, tiene lugar a orillas del Tajo, triunfarán otra vez los mejores. O habrá que faltarle al respeto a la misma divinidad".

Pero no crean que fue el primero, antes de él y como símbolo liberal aquí tiene algo insospechado. La primera letra del mismísimo himno de Riego. Esta es su cuarteta final: de nuestros acentos/ el orbe se admire/ y en nosotros mire/ a los hijos del Cid. ¡Toma ya!

El Cid es Cantar, es Leyenda, es Historia y es novela, que también a ello quería llegar. La de SIDI de Arturo Pérez Reverte es eso, una genial novela, una gran obra literaria en grado de excelencia. Sin otra pretensión ¿les parece poco? que serlo, que intentar conseguir y a lo mejor en esta ocasión lo ha logrado, la mejor novela de su vida como sé que siempre pretende lograr. Arturo ha creado su muy personal Cid y si algún consejo de libro les doy para un regalo con tanta substancia, pero mucho más barato, como un jamón, decídanse por el. Y háganselo también a ustedes mismos que lo disfrutaran. Arturo no ha querido hacer versión ni estudio histórico alguno, los hay muy buenos, por cierto, ni meterse en lo que no es su oficio. El suyo es el de contar. Y eso lo ha hecho maravillosamente bien. Aunque, y para acabar hacia el principio, cuando hay que dar mandobles fuera de sus narraciones, el escritor no se retranquea detrás de nadie ni solapa su intención. Ha sido el primero en salir en defensa del chaval de Marbella y liarse a tizonazos contra sus inquisidores. Permítanme que me sume como un Alvar Fañez o como escudero, que más da, a su algara contra la estupidez.



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