TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Mascarillas

21/07/2020

Ya estamos plenamente inmersos en la nueva normalidad. Ya es obligatorio el uso de mascarillas en estas tierras de pan llevar, donde, afortunadamente, hay menos rebrotes de coronavirus que en otros puntos de España. O sea, que, también en este terreno, seguimos siendo los mejores, siempre por encima de la media (o debajo). Lo de las mascarillas tiene su intríngulis. Hace unos meses, cuando comenzó la pandemia, la consejera de Sanidad, Verónica Casado, dijo que no eran recomendables, incluso que podían ser contraproducentes. Muchos nos lo creímos. Ahora resulta que estos artilugios (por mi pueblo las llaman bozales y cebaderas) son algo así como los polvos de la madre Celestina o el bálsamo de Fierabrás. Si es cierto, aleluya, pero ni los propios expertos se ponen de acuerdo en casi nada sobre el dichoso y maldito virus. Hay opiniones, recomendaciones y avisos para todos los gustos. Y la gente anda bastante desconcertada, especialmente porque muchos pensaron que el fin del estado de alarma era el adiós al problema. Sin embargo, después de la euforia inicial, han caído en la cuenta de que el bicho continúa por ahí, que no se ha ido de vacaciones y que está atacando sobre todo en Cataluña, lo que equivale a decir que tampoco lo frenan los lazos amarillos ni las fanfarronadas de Torra y sus torritos. Y ha vuelto el miedo, si es que se fue alguna vez. Conozco bastantes personas que, por si se decreta otro confinamiento, ya están haciendo planes para el otoño. ¿La ciudad?, ¿el pueblo? A poner Internet en la casa rural y que salga el sol por Antequera, dicen unos. Uff, un invierno entero en el gachi, musitan otros. Y la disyuntiva tiene como motor, y telón de fondo, el pánico, no solo al covid-19, sino a quedarse encerrados, a tener que dar a sus vidas un giro radical para el que nadie estaba preparado. Tendremos que habituarnos, como nos hemos acostumbrado ya a andar con mascarillas por la calle y a saludar sin saber exactamente a quién. ¡Si al menos la cuarentena sirviera para conocernos un poco mejor a nosotros mismos y a los que tenemos al lado!



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