Editorial

Todo está preparado para la nueva cita electoral del 10 de noviembre

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S i no se produce un giro de última hora, los españoles seremos convocados a una nueva cita electoral el 10 de noviembre próximo. Los equipos negociadores del Partido Socialista y Unidas Podemos volvieron a reunirse ayer en el Congreso y escenificaron un nuevo fracaso. Las posiciones están enrocadas. Si en el encuentro del jueves pasado se constataron las diferencias, al parecer insalvables, de cara a un gobierno estable, previo paso por la investidura del presidente, en la de ayer quedó claro, según se deduce de las declaraciones de unos y otros, que el abismo no solo es ancho y profundo, sino insondable. En la formación morada no entienden que el PSOE les niegue ahora el pan y la sal pese a ser sis socios naturales en un gobierno progresista, cuando en julio lamentaron por activa y por pasiva que este no aceptara su oferta de coalición con tres ministerios y una vicepresidencia. Los de Iglesias aceptarían ahora sin rechistar aquella oferta. Pero es que muchos socialistas tampoco entienden que no pueda reeditarse ese acuerdo.

Los negociadores de Sánchez, por su parte, echan en cara a Unidas Podemos que no estén dispuestos a apoyar la investidura y un Ejecutivo de izquierdas, en el que no tendrían cabida, aunque sí ostentarían altos cargos en la administración. En cuanto a lo de no reiterar la oferta de julio, alegan que la situación no es la misma y que si aquello no les servía a los morados entonces, tampoco les servirá ahora. Así las cosas, con este rosario de reproches mutuos y constantes, la escasa predisposición a dialogar y a negociar, con las cesiones que eso conlleva, las caras largas y la aparente falta de empatía, el noventa por ciento de los ciudadanos se ve ya convocado a las cuartar generales en cuatro años.

El problema no es tanto la vuelta a las urnas, como el resultado que arrojen, ya que si aciertan las encuestas y vuelve a ganar el PSOE, se volvería a repetir la situación actual. Es de todo punto improbable que los de Sánchez obtengan la mayoría absoluta, así que se verían abocados a tener que pactar para poder gobernar. Y vuelta la burra al trigo, más reproches, una nueva encrucijada y el país manga por hombro. También podría suceder que el voto progresista, harto de tanta incapacidad de los suyos para el acuerdo, se quede en casa y la victoria sea para la derecha, pese a que su imagen no es de unidad y concordia.

Cada vez son más los convencidos de que realmente Sánchez y los suyos no quieren un gobierno con el apoyo de Unidas Podemos, sino nuevas elecciones porque así su hipoteca con los radicales será menor y porque creen que ganarán muchos votos a la formación morada al responsabilizarla del fracaso. Sin embargo, tendrían que ser más cautos y no vender la piel del oso antes de cazarlo. Por si acaso.