CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Pedro Sánchez y el Rey

16/07/2020

Pedro Sánchez sufre un ataque de monarquismo que no tiene sentido si se analizan sus actitudes, declaraciones y silencios respecto a la Corona, así como el trato que dispensa al Rey Felipe.

No ha pronunciado una palabra de apoyo a la Monarquía ante las muchas agresiones verbales y de cartelería sufridas por la institución, la mayoría de ella protagonizadas por dirigentes y seguidores de partidos que apoyan a Sánchez; tampoco se ha inmutado el presidente ante las declaraciones hirientes de Pablo Iglesias y de sus acólitos. Hirientes no por su republicanismo, que en su derecho está el vicepresidente de sentirse republicano, sino porque en algunos casos eran insultantes y mendaces, además de inconstitucionales. Tampoco ha desaprovechado ocasión el presidente de intentar ningunear al Rey para que no acudiera a actos en los que se esperaba su presencia, como ocurrió por ejemplo con la inauguración de la Cumbre climática de Madrid hace unos meses. O, en los últimos días, cuando queriendo hacer de menos al Rey una vez más, para acudir al homenaje que se celebra este jueves a las víctimas de la COVID, es el presidente el que invita a un acto “presidido por el Rey”, como dice la tarjeta, en lugar de lo que marca el protocolo: “S. M. el Rey y en su nombre el Presidente de Gobierno, invita…”.

En ese insólito e hipócrita ataque de monarquismo que afecta a Pedro Sánchez, el presidente pretende mostrar una inquietud exacerbada por el futuro de la Monarquía ante el comportamiento personal del Rey Juan Carlos, con una portavoz, la ministra Montero, que ha celebrado las “medidas futuras” que pueda tomar el Rey Felipe para potenciar la “ejemplaridad” de la Corona. Que hable este gobierno de ejemplaridad ya tiene su aquel, no solo por mantener en una vicepresidencia a un personaje como Pablo Iglesias sino que el propio Sánchez falla en ejemplaridad cuando hace de la mentira virtud, no distingue entre lo público y lo privada y utiliza las instituciones en su propio beneficio.

El Rey Felipe sabe muy bien qué debe hacer, y su padre, devastado por el daño que ha hecho a su familia y a la Corona, es consciente de que su hijo tomará decisiones muy dolorosas pero que él está dispuesto a acatar. Todo ello sin necesidad de que intervenga el gobierno, medie entre padre e hijo o sugiera iniciativas para neutralizar a D. Juan Carlos, como intentan transmitir desde Moncloa.

El Rey Felipe ha demostrado que no le tiembla el pulso ante la adversidad, aunque eso suponga romper lazos con su padre. Y el Rey Juan Carlos sabe que toca pagar por los errores cometidos, y lo va a hacer sin necesidad de que ni Pedro Sánchez ni nadie de su equipo se pongan a la tarea. Solo faltaba que un presidente tan poco respetuoso con la Corona, pretenda imponer la fórmula para salvar el prestigio de la Corona.



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