TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Ceder al 'bueno'

Dentro del millón de cosas que odian del fútbol moderno los promotores de movimientos tipo «Odio eterno al fútbol moderno», la feroz mercantilización del producto ocupa un lugar de privilegio. En este panorama de oligarcas comprando licencias, petrodólares adueñándose del alma de los clubes y gigantes repartiéndose los beneficios con verzgonzosas diferencias respecto a sus competidores directos, los multimillonarios han aterrizado en el enésimo aeropuerto del ridículo: la práctica de la cesión de los 'buenos'.

La imagen de un cedido era la del canterano en el limbo, o sea, ese espacio en el que la dirección deportiva y el entrenador no saben si tienen a un jugador de verdad o a un petardo. El fogueo, por norma tácita, se efectuaba en un equipo de inferior categoría o en una Liga menor, para intentar explotar las cualidades del muchacho.

En la temporada 13/14, el Chelsea tenía a 23 tipos cedidos por el planeta. ¡Veintitrés!

Ignoro quién fue el primer gigante que hizo el ridículo, pero viendo cómo se menean hoy los fichajes millonarios (ayer James, hoy Coutinho, ¿mañana Neymar?), la cesión de un 'bueno' es el reconocimiento a viva voz de un fracaso en la planificación. Por mucho que quieran tirar balones fuera ("No estaba preparado", "no aguantó la presión", "no fue profesional" y mil frases aptas para el escaqueo y la no asunción de responsabilidades), a nadie con dos dedos de frente escapa que el jugador de los 80, 140 ó 200 millones ha terminado siendo un gasto obsceno e inútil. Y no, no ruedan cabezas: siempre hay un Bayern u otro grande dispuesto a intentarlo con las migajas que dejó un congénere, de esos que colocan a sus niños entre los pequeños (y a veces incluyen cláusulas 'del miedo') y a sus 'buenos' sobrantes, para ahorrarse el sueldo, donde sea.


Las más vistas

Carta del Director

100 años y un día

A diferencia de otros museos, donde manda el artificio, el Numantino rezuma autenticidad. La ventaja de esta conmemoración, frente a Numancia 2017, es que las expectativas son más reducidas