COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Lo que dijo Rivera

El expresidente de Ciudadanos, Albert Rivera ya está fuera de la política y en este país se olvida rápido a los caídos en la batalla electoral. A él le ha honrado tomar esa decisión después de la hecatombe de su partido. Pero lo que no se puede olvidar tan rápido es todo lo que dijo a lo largo de la pre y la campaña electoral, a la vista de los resultados que preveían la mayoría de las encuestas, que apuntaban a una nueva situación de bloqueo dado que ni a derecha e izquierda se sumaban los escaños suficientes para alcanzar mayorías suficientes. 

A lo largo de las semanas entre la fallida investidura de Pedro Sánchez y la nueva llamada a las urnas, Albert Rivera se hartó de decir que él no sería parte del problema sino de la solución, y que si la suma de escaños de su partido y los del Partido Popular no era suficiente, Ciudadanos no sería un obstáculo para permitir la gobernabilidad. "La diferencia con Casado es que yo estoy dispuesto al desbloqueo también en la oposición", dijo tres días antes de las elecciones. Y en el mitin de cierre de campaña en Barcelona y "ante esta situación excepcional", dijo haber elaborado "un plan B": un pacto de investidura con Sánchez -sin entrar en el Gobierno- a cambio de las “10 reformas liberales que necesita España”.

Por supuesto que el pacto firmado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no prevé esas 10 reformas en su literalidad pero siempre es mejor estar del lado del Gobierno para influir en las leyes que estar en la oposición y no lograr sacar adelante ninguna de sus iniciativas.  

Albert Rivera, a la vuelta de su período de descompresión, quizá tuviera que explicar cuál era su plan b, porque todas las previsiones apuntaban a una victoria del PSOE y a la resistencia de Unidas Podemos y Más País, mientras que los tres partidos de la derecha quedaban lejos de la posibilidad de armar un gobierno a la andaluza. Lo que sabía perfectamente es que el PSOE necesitaría a UP para gobernar y que Pablo Iglesias ya había puesto precio a sus escaños durante la campaña electoral. Entonces, ¿a qué se refería cuando afirmaba que no contribuiría a mantener el bloqueo de la formación de gobierno?  ¿No es evitar la dependencia de los independentistas una de las posiciones clave de Ciudadanos? ¿No había levantado todos los cordones sanitarios?

Las urnas han arrojado unos resultados difíciles de gestionar que necesitan respuestas antes de que Ciudadanos elija a su nueva dirección y decidan su rumbo político. Pero la inmensa mayoría de los dirigentes de la formación que aplaudían las decisiones unipersonales de Albert Rivera se encuentran en activo, tienen algo que decir, algunos ocupan escaños en el Congreso, y deben recordar el compromiso de su exlíder lo largo de la campaña. Por el momento se han instalado en el no es no.

Los resultados de Ciudadanos han sido tan malos que ni tan siquiera tiene la coartada de desbloquear la situación mediante su abstención, que hubiera sido la decisión adecuada. Pero si quiere que, en efecto, el próximo gobierno no eche a andar con la rémora del apoyo de ERC –el de EH Bildu ya no es necesario tras el voto afirmativo de los partidos canarios-, que está poniendo un alto precio para abstenerse, –el documento de Pedralbes-  su única alternativa es un voto a favor de la investidura de Sánchez.



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