TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Las listas

Tiempo de listas, tiempo de broncas internas, dedazos, decepciones, cabreos y, aunque menos de las anunciadas, dimisiones. Nada nuevo bajo el sol. Ha ocurrido siempre, si bien ahora se va agudizando el problema a medida que los liderazgos se acaban convirtiendo en caudillismos y los críticos se callan por temor a ser pasados a cuchillo…político. Es decir, que se quedan fuera de, ¡ay!, las listas o los colocan en lugares de relleno. Como sucede en todos los órdenes de la vida, hay opiniones para dar y regalar. Desde los que creen que los líderes tienen derecho a rodearse de fieles y a premiar a los suyos hasta quienes defienden que si las bases han decidido, nadie debería cambiar esos acuerdos y mucho menos eliminar a los ganadores para sustituirlos por los derrotados. Estos debates continuarán por los siglos de los siglos. ¿Y para eso votamos en las agrupaciones?, se preguntan los partidarios de respetar los criterios de la militancia. Sí, hombre, y dejamos al jefe rodeado de enemigos internos y expuesto a las puñaladas por la espalda, replican los que prefieren los grupos compactos a la democracia asamblearia y sus múltiples riesgos. Y más en los partidos de izquierda donde cualquier matiz ideológico (o de otra índole) se transforma en disidencia y crisis. Es lógico, por tanto, el temor que inspira la confección de las candidaturas y las heridas, algunas incurables, que deja. Ya se lo decía Churchill a un joven correligionario: «En los bancos de la oposición, están los rivales; los enemigos los tiene usted al lado». Y un ex diputado y ex alto cargo del PP me confesaba: «La gran batalla se da dentro del partido para conseguir un buen puesto; lo demás es menos duro». Él lo había experimentado varias veces y reconocía que nunca se salía indemne de esa pelea. Esperemos que, una vez más o menos resueltas estas luchas intestinas, los aspirantes a la Moncloa nos digan claramente qué quieren hacer con el país. O sea, que presenten ya programas y objetivos con la vista puesta en el ciudadano.