Victoria Lafora


Cuestión de superviviencia

Pablo Casado lleva, aún antes de que Albert Rivera diera la espantada tras el fracaso electoral, intentando la simbiosis entre el PP y Ciudadanos. Es la única oportunidad que tiene de frenar a Vox en las urnas. Y más cuando que Sánchez está dispuesto a todo con tal de quedarse cuatro años en Moncloa. Incluso hay voces de destacados dirigentes del PP que no ocultan su preocupación ante la posibilidad de pasar ocho años en la oposición. Y ya se sabe que la ausencia de poder es lo que más desgasta en política.

Prueba evidente de ello es la diferente reacción de la dirección de Génova con Feijóo en Galicia y con Alonso en el País Vasco. El primero tiene el poder y la posibilidad de renovarlo, por lo que se ha permitido el lujo de plantar cara, negándose al pacto con Ciudadanos. Por el contrario, Alonso ha visto como, a espaldas de su organización en Euskadi, se cerraba un acuerdo en Madrid en el que se imponían nombres de Ciudadanos como segundos en sus listas. Su último acto de dignidad ha consistido en no asistir a la reunión donde se firmó la afrenta.

Y si para Pablo Casado esta simbiosis (que él hubiera preferido convertir en absorción y que el tiempo dirá en que termina) es imprescindible, aún más lo es para Inés Arrimadas, que ve crecer la oposición interna a su liderazgo y que ha negociado con el PP como si fuera la presidenta de la gestora y no una candidata al liderazgo.

Arrimadas ha vendido sus buenos resultados en Cataluña -puestos hoy en cuestión por las encuestas- para lograr el trueque. Y Alonso defiende sus cargos en el parlamento vasco y diversos ayuntamientos como si fuera a mantenerlos tras las elecciones de abril. Por tanto, el único que sale ganando en su carrera hacia Moncloa es Casado.

Por su parte, la futura "lideresa" de Ciudadanos tiene que frenar, este fin de semana, mientras se celebran las elecciones para elegir a los compromisarios del congreso de marzo, a las voces críticas que, agrupadas bajo el nombre de Ciudadanos somos Todos, se han reunido con el vicepresidente de Castilla y León, Francisco Egea, en Sevilla. Ese sector del partido, junto a destacados dirigentes que abandonaron la formación por la deriva autoritaria de Rivera, no ven con buenos ojos la "entrega" de Arrimadas al PP y defienden la necesidad del debate interno sobre la "pérdida de centralidad" de sus siglas.

También en el PP se alzan voces, muy tímidas, contra lo que se conoce como la "teocracia" del partido. Argumentan que nunca les ha ido bien cuando las candidaturas se han decidido desde Madrid, ignorando a las organizaciones territoriales. Al fin y al cabo, son estas las que tienen que hacer la campaña, conocen a sus votantes y se pierde el entusiasmo por apoyar a un extraño. Recuerdan el trágico pasado de la militancia del PP vasco, donde todavía escuecen las frívolas acusaciones de Cayetana Álvarez de Toledo. Y más aún, cuando Borja Semper ha contado como salvó la vida por no asistir a clase en la facultad, el día que le esperaban los asesinos.