SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Pidamos lo imposible

04/09/2020

El omnipresente Covid está sirviendo para realizar múltiples reflexiones. Una al día. Varias al día. Se pueden hacer tantos análisis como tiempo tengamos. Da para mucho. El Covid, que todo lo puede, también ha servido para demostrar que es la única preocupación que tenemos. Ha conseguido fulminar aquellas inquietudes que en otros tiempos hasta nos servían para manifestarnos y concentrarnos y pintar pancartas que lucíamos por calles hambrientas de ciudadanos rebeldes. El Covid se ha encargado de monopolizar nuestro interés. Es como si hubiera engullido los problemas que nos acechaban. Pero es solo fruto de un espejismo, porque los problemas que antes nos ocupaban y preocupaban, siguen sin resolverse, aunque el Covid se los haya tragado sin masticar. Y no solo siguen ahí, sino que algunos se agudizan. Es el caso de ASPACE, la asociación de enfermos de parálisis cerebral. Una asociación que lleva años pidiendo ayuda económica para terminar el nuevo centro en el que poder atender como merecen a sus 60 usuarios. Este fin de semana, el Club Deportivo Desafío Urbión organiza una carrera con dos atletas sorianos que recorrerán 80 kilómetros entre Soria y Covaleda, dando rodeo, claro. El beneficio se destinará a la financiación de este centro. Los  problemas de ASPACE ya no se limitan a la necesidad de acabar el nuevo centro, ahora, el Covid, se ha encargado de que la asociación se enfrente a las dificultades económicas para poder atender a estos enfermos. 
El dichoso Covid, el que todo lo puede, ha propiciado que el coste de la asistencia a estos pacientes se triplique como consecuencia del cumplimiento de los protocolos higiénico sanitarios. Donde antes había un problema, ahora hay dos, porque necesitan recursos para acabar el centro y para atender a sus usuarios. Pero da la sensación de que solo nos preocupa el contagio del covid, un posible repunte y la vuelta al cole llena de mascarillas de colorines. No existe nada más. Como si no existieran asociaciones que, como ASPACE, hacen verdaderos milagros para atender a los enfermos. Es en momentos como el que estamos viviendo, con una pandemia mordiéndonos los talones, cuando deberíamos entender que las asociaciones y las ONG,s no tienen que asumir determinadas responsabilidades. Nunca entendí que entidades como ASPACE tengan que comprometerse de tal manera o que la Asociación Española contra el Cáncer tenga que hacer actos populares como sus marchas o cuestaciones para dedicar la recaudación a la investigación. En etapas como la que vivimos, con tantos muertos y enfermos con secuelas, es cuando debemos exigir al Gobierno que aumente sus partidas presupuestarias a la investigación, a la salud, a la vida. Mejor prevenir que curar. Es obligación legal y moral de las administraciones velar por sus ciudadanos, no lo es de las asociaciones. Que investiguen con fondos públicos para evitar escenarios como el que soportamos desde hace seis meses. Y nosotros, los ciudadanos, que seamos capaces de volver a exigir sin miedo, con permiso del Covid, de la vuelta al cole y por encima de nuestras posibilidades. Me viene a la memoria aquella proclama que nos dejaron los jóvenes franceses de mayo del 68: «Seamos realistas, pidamos lo imposible».



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