TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


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06/07/2020

Las leyendas lo son por el éxito, la longevidad o el carisma. O la mezcla de las tres, como el caso de Gianluigi Buffon (Carrara, 28 de enero de 1978) que el sábado superaba a Paolo Maldini como el jugador con más partidos de Serie A de la historia: 648 frente a 647 (Zubizarreta tienen el récord en España con 622 y Raúl, segundo, jugó 550; de los que están en activo, Joaquín es tercero con 547). A Buffon le anticipamos la retirada cuando se dio el lujo de firmar por el PSG para jugar la 18/19: un adiós dorado en el Parque de los Príncipes… pero regresó a Turín como un semidiós, renunció al dorsal número 1 por respeto a Sczcesny y va a renovar por una temporada más para retirarse (o no) con 43 años.

¿Qué impulsa a alguien que lo ha ganado todo (y ha sufrido: jugó la Serie B cuando los escándalos de apuestas) a estirar su carrera más allá de la lógica? Sentirse útil, seguir disfrutando, aportar, ser mejor que otros para tener hueco, retos personales de superación... Pero, ¿es realmente ilógico alcanzar estas edades en activo? No. No ahora. Tal vez sí en equipos de elite, donde la máxima exigencia va encontrando sustitutos en las nuevas y emergentes figuras que aporta el mercado. Pero no en unos tiempos en los que la preparación física está medida al miligramo, en los que la alimentación está diseñada con la kilocaloría ajustada a cada persona, en los que fisios, médicos y recuperadores conocen cada músculo de cada futbolista de primer nivel y los relajan o aprietan a conciencia.

Los maravillosos 'abuelos' del deporte siempre han estado ahí, reclamando su hueco en la gloria a pesar del paso del tiempo. Y ante el reto de preguntarles: «¿Por qué?», la respuesta más directa y sencilla: «Por seguir». «Seguir» es el camino pero también la meta. Las leyendas se han ganado el derecho a ver pasar el tiempo.



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