COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Límite media docena de horas

Cuando hoy después del mediodía el secretario general de Unidas Podemos ofrezca explicaciones al Rey Felipe VI acerca de cuál es la posición de su organización sobre la investidura de Pedro Sánchez, se podrá conocer casi con total seguridad si el próximo 10 de noviembre los españoles vuelven a ser convocados a las urnas. Si insiste en que UP forme parte de un gobierno de coalición las elecciones están servidas. Si, por el contrario da un giro a su estrategia y ofrece una investidura gratis total para pasar a continuación a la oposición, la incertidumbre se mantendrá otra media docena de horas hasta que el líder socialista muestre su disposición a comparecer en un nuevo pleno del Congreso del que saldría investido presidente del Gobierno en esas circunstancias, o si renunciaría a ello ante la falta de apoyos expresos o abstenciones sin condiciones.

Las circunstancias  actuales no pueden estar más alejadas de las que llevaron a Mariano Rajoy a inaugurar en la política nacional la posibilidad de renunciar a la investidura propuesta por el Rey. El expresidente del PP trató de aprovechar el viento de cola de la salida de la crisis y la depresión en la que se encontraba el PSOE,  Ahora están encima de la mesa la sentencia del procés, la posibilidad cierta de un Brexit duro, el repunte de la crisis económica mundial que asoma, la necesidad de las comunidades autónomas de saber con qué fondos van a contar para redactar sus presupuestos, más la frustración social añadida ante la preeminencia de los cálculos electorales.

Nunca los dos partidos condenados a entenderse tuvieron tantos apoyos externos, tantas celestinas dispuestas a que alcancen un acuerdo aunque sea prematrimonial. El nacionalismo vasco y el independentismo catalán se han conjurado para favorecer la formación del gobierno de España. No dejan de lado sus intereses pero al menos los aparcan hasta que la legislatura comience a andar y haya un interlocutor en La Moncloa con plenas capacidades de decidir sobre las cuestiones que les afectan. 

Y en estas circunstancias aparece la propuesta -¿trampa?- de Albert Rivera ofreciendo la abstención patriótica junto al PP si  Pedro Sánchez acepta tres condiciones, hacerse con el gobierno de Navarra, no subir impuestos a trabajadores y autónomos  y preparar un nuevo 155 y no indultar a los presos del 'proces'. El líder de Ciudadanos hace la oferta cuando ve las orejas al lobo, sabe que es el pagano de una repetición electoral y quiere aparecer como un hombre de Estado y como líder de la oposición que ha pillado a contrapie al PP,  y que en caso de fracasar en su oferta -¿trampa?- al menos tiene ya puestos los primeros tramos de su campaña electoral con la que sobrevivir a las demandas de sus propios votantes.  El intento de Rivera llega tarde haciendo de la necesidad virtud y como en el caso de la negociación previa a la primera investidura casi sin tiempo de afrontarla 

La iniciativa de Ciudadanos nada tiene que ver con la abstención del PSOE que le costó el cargo al resurrecto  Pedro Sánchez y más que al líder socialista vuelve a meter presión a Unidas Podemos, porque las tres condiciones  condiciones van contra su intereses de que haya un gobierno progresista. Los últimos movimientos estratégicos de Pablo Iglesias -renuncia a entrar en el Gobierno- y la de Rivera confirman la impresión del presidente gallego, acerca de la "adolescencia" de los políticos españoles  que presentan como el no va más de la estrategia política para poner en aprietos al oponente decisiones no son sino gestos descontados y que procucen más ruidos que nueces..


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