Victoria Lafora


Tiempo habrá de hacer oposición

18/03/2020

El pleno del Congreso, con un hemiciclo desierto, donde las cabecitas de los portavoces parlamentarios destacaban en ese mar de asientos vacíos, era la viva imagen de la catástrofe que está viviendo el país. Por una vez, y salvo la vanidad de atribuirse esta u otra medida, eltono de sus señorías tuvo la altura, el sosiego y la solidaridad que el estado de alarma requiere.

Tiempo habrá, como recordaron algunos, de analizar e investigar el retraso en determinadas decisiones que han contribuido al contagio masivo. Y la evidencia unánime de que hay que reforzar la sanidad pública, desbordada por un reto catastrófico e inesperado, que ha sacado a la luz el daño que los recortes han supuesto en la calidad de un servicio público esencial. Y como esta crisis, como las anteriores, ha caído sobre las espaldas de médicos y enfermeras, mal pagados, que suplen las carencias de falta de personal con su esfuerzo y sacrificio desde hace casi una década. Repetir ahora que tenemos la mejor sanidad del mundo suena banal. Algo que se evidencia en la impotencia de los profesionales que no pueden practicar las imprescindibles pruebas de detección del virus porque faltan kits de diagnóstico y que, en algunos centros, se estén haciendo triajes para decidir a qué pacientes se les colocan los pocos respiradores con que cuentan.

Para corroborar los aplausos nocturnos de los vecinos desde sus ventanas, los diputados rindieron también un homenaje a transportistas, cajeras, cuidadores etc. que, muchas veces sin mascarilla porque no hay, siguen trabajando para ayudar a los demás. Casado comenzó con una frase rotunda "no está solo" refiriéndose al Gobierno, al tiempo que añadía que apoyaran todas las medidas, incluso aquellas que consideran mejorables. VOX no pudo soslayar la tentación del patriotismo y la bandera, al tiempo que hacia oposición y electoralismo contra el PP. Explicó que conocían el riesgo de pandemia desde el minuto uno. Que lastima que, con tanto bagaje de sabiduría, se reunieran en un conclave hace ocho días y tengan a sus dos principales dirigentes contagiados. Rufián utilizó un tono pedagógico, aunque el latiguillo de "repito, repito", como si en los pocos escaños ocupados hubiera una concentración de gente con dificultad auditiva, resultó improcedente y pretencioso. Su despedida, advirtiendo de que no desisten de investigar las corruptelas del anterior jefe del Estado, era más que previsible.

El portavoz del PNV, Aitor Esteban, con la mesura y el sentido lógico que le caracteriza, recordó que "decir ahora, con este hemiciclo desangelado, que debería haberse hecho esto o lo otro..." resultaba, cuando menos, poco oportuno y, efectivamente, no era el momento depedir explicaciones sino de arrimar el hombro. Advirtió también de la necesidad de no ponerse quisquillosos con el despliegue militar, cuya única función es ayudar. Y apoyó la puesta en marcha unas medidas económicas que intenten paliar la crisis económica que va a producirsey que no puede cargar, una vez más sobre los mismos.

Por cierto, están muy bien las sentidas palabras de todos ellos de solidaridad y homenaje a los mayores que están muriendo solos. Pero el escándalo de la residencia de ancianos de Madrid, con enfermos sin atención ni traslado hospitalario, no puede volver a repetirse.



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