TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


La España que Franco ideó y 'el país de demá'

Pasó la vorágine y ahora se puede, algo --algo-- reflexionar. Han transcurrido varios días desde este 17 de septiembre en el que finalmente supimos que la incapacidad de nuestros representantes para llegar a acuerdos, aunque sea con extraños compañeros de cama, nos condenaba a nuevas elecciones. Con solamente mes y medio hasta el 10 de noviembre para construir un programa de futuro ilusionante para los españoles, los líderes políticos no parecen haber caído en la cuenta de que, precisamente esta semana, se ha cerrado la posibilidad de seguir con esa política vieja cuyo espantajo agitaban, pero con la que cumplían y por la que se siguen rigiendo.

¿Cómo, por ejemplo, volver, con todo lo que se han dicho, a pensar sin espanto en una posible coalición, o pacto, o lo que sea, entre el PSOE y Unidas Podemos? ¿Cómo volver a creer en quien el domingo decía una cosa y el lunes totalmente la contraria? La memoria del electorado, confían ellos, y me refiero a 'todos ellos', es frágil. Pero ni ellos, ni nosotros, ni nadie, puede seguir taponando el futuro, consista eso en lo que consista.

Quién sabe si la España políticamente nueva estará representada en parte, en su día, por Iñigo Errejón, que sin embargo ha apelado a Manuela Carmena, que es la veteranía que rechaza volver a la arena, a la hora de intentar construir su formación política para estas elecciones que vienen. O cómo saber cuánto futuro le aguarda a Gabriel Rufián, el reconvertido diputado independentista republicano que cita los, ejem, bemoles de Estanislao Figueras para reconocer que los ciudadanos están hasta ahí "de todos nosotros". ¿Es el porvenir el marcado por esos chicos adolescentes, seguidores de Greta Thunberg, que se mueven al grito de 'there is not planet B'? ¿Está nuestro futuro en manos de unos presos golpistas que, en el fondo y tal vez involuntariamente, nos hacen a todos rehenes de su situación? O, en otro orden de cosas, ¿es el futuro Marta Pascal, la mujer 'purgada' por esa ya reliquia del pasado que es Puigdemont? Pascal es una de las figuras de esa reunión de 'independentistas posibilistas' que hablan del 'país de demá' en el monasterio de Poblet. Una reunión la de este sábado destinada, sin duda, a surtir algunos efectos en la enrarecida política catalana y, por tanto, española. Aunque algunos medios fervorosamente 'indepes', que tienen la cabeza en los tiempos de Companys, la hayan silenciado... No, esta no es ya la España de Companys. Ni la de para mí muy respetable Carmena.

Pero tampoco la de Pablo Iglesias e Irene Montero, también sin duda respetables, pero cuya 'modernidad' ha quedado convertida en caricatura encerrada en un chalet burgués. Y, si se me apura, estoy a punto de decir que esta no debe ser la España de 'este' Rivera del 'no' y luego 'sí' y luego de nuevo 'no'. Ni la de Cayetana Alvarez de Toledo aupada por Pablo Casado. Ni la demasiado 'tradicional' que quiere Vox. Ni, si se me apura aún más, tampoco la de Sánchez, que llegó a La Moncloa como llegó, se mantuvo como se mantuvo y ahora todo lo fía a la improvisación de las encuestas. Pienso que el PSOE, si es que está destinado a seguir gobernando, que quién sabe, tiene que dejar claro a sus votantes que nunca más habrá aventuras como las que vivió con el 'socio preferente', ni una gobernación egoísta en la que el hombre que ejerce el poder, aunque sea en funciones, quiere "ganar siempre hasta el último duro", como rezaba el viejo dicho popular, sin repartir ni ofrecer nada a los demás.

Así, ¿cómo esperaba obtener apoyos para su investidura, si es que los procuraba? Y ¿cómo cree Pedro Sánchez que va a ver aumentada la votación a su favor de los ciudadanos si no les garantiza un 'contrato político' en el que cuente más con ellos, sin ahondar en la división de las dos Españas, como hasta ahora se ha hecho, y sin dejar de mostrar cuánto disfruta con los beneficios de su situación personal? La vieja política española consiste no en mejorar la oferta electoral, sino en darse por satisfecho con obtener un par de escaños, o tres, o cuatro, más gracias a que los electores abandonan a las formaciones rivales. Sánchez ha hecho de todo por desprestigiar, humillar y rebajar a un Iglesias que un día amenazaba con dar el sorpasso a los socialistas. Quizá Iglesias se lo merecía, pero acusará el golpe y lo trocará en venganza que a todos va a desgastar.

Vieja, muy vieja, política, en suma. Si bien se considera, creo que Amenábar, el cineasta que ha vuelto a poner de moda a Unamuno, tenía razón en muchos aspectos cuando decía, esta semana, que "la España actual es la que Franco ideó". Las dos Españas: entre aquella a la que se refiere Amenábar y 'el país de demá' que ni siquiera quiere formar parte de esta nación... País. 


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