TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Listos

23/03/2020

Unos amigos caminan hacia el local de moda, custiodiado por un portero tamaño armario Söngesand de Ikea. El 'listo' del grupo abre la boca («Dejadme hablar a mí»), pero el portero, sin inmutarse ni cambiar el gesto, es contundente:

- Lo siento. La discoteca está cerrada.

Claro, claro, piensa el 'listo', «y por eso estás tú aquí guardando la puerta, porque está cerrada, ¿verdad?». Dos colegas se van a casa, pero otros aguantan. Es el más espabilado de la cuadrilla por algo. «¿Seguro que no nos puedes hacer un hueco?», insiste.

- Le repito que la discoteca está cerrada.

Otro amigo se despide. «Ya es hora». El 'listo' se niega a que la noche termine justo 'ahí', con las ganas que tiene de alargarla. «¿Qué necesito para poder entrar?», le dice al portero, y éste respira profundamente (como respiras armarios Söngesand) para no gritarle: «¡Las llaves, tonto del culo!».

- No se puede entrar porque está cerrada. Si vienes cuando esté abierta, traes la entrada o un pase, te dejaré entrar.

Tres amigos más se van. Se queda solo. Se niega a que un simple portero le estropee el plan. «A mí, ¡precisamente a mí!»…

Él es el COI, la discoteca los Juegos Olímpicos y el portero, el sentido común. Así han estado durante semanas los golfos del comité, insistiendo e insistiendo en celebrar algo que no se podía celebrar sólo para salvaguardar sus intereses económicos. Deportistas sin entrenar, sedes sin seguridad plena, etcétera. Y al final, amigos yéndose (renuncias de Canadá, Australia...).

- ¿Sabéis qué os digo? Que creo que está cerrada…

… Y cuando se giró para reconocer su error y cabezonería, ya no había nadie para escucharle.



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