TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Bombas de relojería

02/04/2020

Lo jodido no es que alguien siquiera tuviera la osadía de ofrecer una segunda vía («¿Se suspende o no?»), sino que otro alguien superior respondiese alegremente que «no». Desoyendo alarmas y consejos, haciendo caso omiso a quienes realmente conocían el tema (los científicos en general, biólogos, epidemiólogos y virólogos en particular), los jefes de todo decidieron mantener con público eventos que terminaron convirtiéndose en bombas de relojería… como el Liverpool-Atlético o el Atalanta-Valencia. Otros bombazos como las concentraciones y bengaleos en los aledaños del estadio (porque el partido se iba a disputar a puerta cerrada) pertenecen directamente al terreno de la imbecilidad humana.

Son dos enormes ejemplos de negligencia de las autoridades, pasando por encima de esos científicos a los que imagino, justo cuando se toma la decisión de jugar el partido de marras, mirando melancólicos por la ventana y pensando: «Son idiotas». Pero también del poder e influencia de ese fútbol estupendo, deporte de masas, intocable por muchos gobiernos que pasen. ¿Cómo tocar lo intocable, parar lo imparable? Nadie se atreve a meterle mano al fútbol cuando hay que hacerlo, como en aquel vergonzante episodio de la Liga de 22 (había que descender a Celta y Sevilla… pero no lo hicieron) o éste en el que primero se trajo un cargamento químico de Milán, la afición del Valencia, y luego enviamos otro bombazo de virus a Liverpool. Escuchar a Jurgen Klopp, en este tiempo de entrevistas por videoconferencia, decir que no pudo preparar bien el duelo por la preocupación que le causaba la expansión del Covid 19 puede sonar a excusa de mal perdedor, sí, pero también a razonamiento de tipo sensato con dos dedos de frente. «¿Quién podía saberlo?», se justifican algunos. Respuesta fácil: la ciencia. La UEFA no.



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