SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


El Burgo envenenado

No pude evitar el pasado martes , cuando conocí  los rifirrafes que tuvieron lugar en las Fiestas de El Burgo de Osma, la sensación de tener un dejà vu, o sea, esto ya lo he vivido, con el recuerdo puesto en remotos enfrentamientos en otros pueblos que dejaron heridas  que están tardando en cicatrizar. Es lo que tienen colectividades pequeñas, en las que, además de la casa, las tierras y los ahorros se heredan también lo odios y las rencillas.
No les aburriré con lo que pasó en Duruelo con la disputa sobre las entresacas y las matarrasas, o en Quintana Redonda con el viejo frontón y en Rioseco de Soria a cuento del campo de golf rústico, pero en todos los casos los sucesos fueron el preludio de la frase que define tanto a los sorianos,‘ Pocos y mal avenidos’.
A estas horas estarán al cabo de la calle de los hechos que han derivado en un agrio panorama que, de una u otra manera afecta a todo el pueblo. No procede que juzgue lo acaecido.  Como periodista me he limitado a escuchar a las dos partes en litigio y dar a conocer la versión de los dos concejales protagonistas; Antonio Pardo y Martín Navas. Asegura el primero que el comportamiento de Navas fue bochornoso e intolerable con algunos vecinos y con el mismo, que sufrió, como los demás, insultos, amenazas y empujones. Reconoce el socialista Navas que  se equivocó al caer en la  provocación que estaba sufriendo por parte de la PPSO y en especial de Pardo. Pidió disculpas a quien pudiera haber ofendido y pelillos a la mar, no sin antes acusar a Pardo de ser él quien le agredió en presencia de su hija de 13 años. Como sabrán la cosa no quedó ahí y la PPSO pidió al alcalde que cesara a Navas como teniente de Alcalde e incluso que saliera del ayuntamiento y la diputación. Navas no lo hará ni Cobo, el alcalde, lo cesará.
Hasta aquí, y con un par de brochazos he pintado lo que dicen que pasó. Lo que me cuesta más es traducir el tono de las declaraciones de ambos, de donde se deduce la existencia de un mal rollito que va mucho más allá de la antipatía. Y lo peor, que es a lo que iba, en El Burgo de Osma se percibe el agrio olor de la discordia también fuera del ayuntamiento y eso es obvio que no beneficia a la convivencia en absoluto. Cada cual tendrá sus afines pero es una gran torpeza cavar trincheras para mantener un conflicto que no ha de llevar a ninguna parte. A ninguna parte buena.
Puesto que hay una denuncia de por medio, resuelva quien debe hacerlo sobre las presuntas amenazas e insultos. Navas parece resuelto a asumir lo que le toque. Y aparquen la soberbia para que los vecinos  tengan la fiesta en paz. Y nunca mejor dicho.