DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Exorcismo ante el Ibex

04/09/2020

Olvidados han quedado los pañuelos rojos que daban color a los comienzos del curso político socialista en la pradera de Rodiezmo, localidad leonesa a caballo con Asturias, al concluir agosto. El secretario general del PSOE, presidente del Gobierno cuando ambos cargos recaían en la misma persona, acudía a la fiesta minera organizada por el SOMA-UGT para poner fin a las vacaciones y anunciar las líneas maestras de su agenda política. Aquella cita, con rasgos de arenga, decayó en el año 2009 porque UGT tuvo la afrentosa idea de convocarle al presidente Zapatero una huelga general para unas semanas más tarde. Después fueron otras las razones que abortaron la fiesta. El poderoso organizador de la romería, el líder del sindicato minero socialista Ángel Fernández Villa, fue imputado y posteriormente condenado a tres años de cárcel por apropiación, en un tiempo en el que el dinero fluía generosamente a fin de cerrar las minas de carbón con la menor conflictividad posible.
Pedro Sánchez, pese a gozar del respaldo del sindicato minero asturiano en su azarosa relación con el más viejo y rancio socialismo, ha preferido otros escenarios. Nada tan impactante como ahora. Sorprendente incluso. Atrás quedan las imágenes de familia, fotos para trasladar mensajes de unidad, de proyecto común con el entusiasmo socialista como bandera.
 El romanticismo ha trocado en pragmatismo. Días atrás Sánchez protagonizó un encuentro con la derecha económica del país. Lo más granado del Ibex-35 acudió a la cita y aplaudió un discurso también con resabios de arenga. En esta ocasión hizo un llamamiento a la derecha política para que se sume al esfuerzo común en favor de la reconstrucción de España. Pablo Casado le contestó dos días después en La Moncloa que con él no cuente mientras no rompa relaciones con Pablo Iglesias, compendio de todas las fuerzas del mal. 
Tal vez por eso, el acto parecía diseñado como un ejercicio de exorcismo. La presentación de un cuerpo tildado de anidar el maligno, masa corpórea de ministros, del que nada han de temer las carteras. Salieron contentos.



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