SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Ni truco, ni trato, ni leches

Vivimos en un país curioso, con muchas particularidades y sobre todo contradicciones que rozan casi la esquizofrenia o la bipolaridad, según se mire. En el mismo metro cuadrado y en el mismo minuto, a varias personas que tan pronto reivindican una identidad diferenciada del que tienen al lado, ya sea por el aspecto físico o por características culturales y lingüisticas, como se entregan al yugo de la colonización cultural de la superpotencia dominante, o sea los Estados Unidos de América para sustituir términos de su legua vernácula por los importados de raíz anglosajona, sólo porque están de moda. He visto, y oído en rueda de prensa, a una ilustre economista,  corregirse a sí misma tras haber utilizado la palabra ‘bulos’ para sustituirla por ‘fake news’.  O sea, se supone que, a estas alturas las noticias falsas se identifican mejor sio las traducimos al inglés. O tro ejemplo, vayan, si no les intimidan los incidentes callejeros a Cataluña y verán que nadie osa rotular su establecimienco comercial en castellano pero  en cualquiera de las dos o tres leguas y dialectos que se hablan y escriben en el globo terráqueo está bien visto y mola tanto caso como el inglés.
Ya me ensañé hace algunos meses con los que buscan cualquier localismo para asegurar que tienen lengua propia, por lo tanto son diferentes y en consecuencia superiores al resto. Es la sublimación de la estupidez nacionalista.
En esta tesitura reconozco que estoy viviendo unos días de cierta felicidad. Una especie de satisfacción que me envanece como si perteneciera a  una especie de resitencia clandestina, o casi, a la potencia opresora que nos impone estupideces como el Hallowen, pero contrarestamos su efecto, al menos en esta provincia, desde las trincheras del Festival de las Ánimas. Bien es cierto que el partido aún no está decidido. Llevan las de ganar  los ejércitos de la calabaza y el ‘truco o trato’, porque nuestros sistema educativo, público y privado se ha visto seducido por la estética de esta fiesta ajena y los niños es lo segundo que maman al poco de soltarse del pecho de sus madres. La base de todo es la educación y  tiene muchos virus, y en algunos casos graves infecciones.
Nunca agradeceré bastante a los que impulsan el festival esa inyección de autoestima, es chute de orgullo, para los que  sin cerrar nuestra mirada a otras culturas, sino todo lo contrario, queremos conservar lo nuestro, sin la pretensión de imponerlo a otros, contruibuyendo, además, a ofrecer a todos los foráneos una nueva manera de conocernos y difrutar con nosotros. Por cierto ¡Que demonios hay contestar a los críos cuando preguntan eso de ¿truco o trato?



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