TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Costa: final del camino

Simeone dice que cuenta con Costa pero no sabemos si a toda costa, o si va a seguir costando más disgustos que otra cosa, o si China vendrá con el parné bajo el brazo a quitarle un gran marrón al Atlético. Sea lo que sea, incluso quedándose, suena a última estación, fin de trayecto, no olviden sus objetos personales y agradecemos que nos hayan elegido para su viaje. Un viaje que no puede ser más caótico en esta segunda etapa: llegar en diferido (una ventanilla de enero, pues el Atleti no podía fichar por sanción) a cambio de 60 millones, sobrepeso, más lesiones que goles, sanciones y un colofón final de ocho partidos de sanción, un castigo interno por tal situación y me pico y no entreno.

A Diego Costa hay que quererle. Es un niño de 30 años con inestabilidad emocional y clara tendencia depresiva (pregunten en el Chelsea... o no viajen tanto: pregunten al actual Atlético) si la pelota no le entra y empieza a llegar tarde a los balones y se pone a jurar en hebreo. Una bestia como pocas cuando está en forma y motivada, sí, pero ¿volverá a estarlo?

Pocos han apreciado tanto sus condiciones como el socio medio del Atleti, tipo con una propensión exacerbada a la euforia después de mucho tiempo haciéndose pupas. Sin embargo, este aficionado siente que la relación debe terminar por el bien de ambos, que ya ni Simeone será capaz de recuperar al bicho de Lagarto, y que todo lo bueno que tenía para ofrecer es ya agua pasada. De alguna manera, además, está convencido de que ese error (quedárselo, darle la enésima oportunidad) respondería más a una cabezonería de un Cholo que por primera vez ha visto gestos torcidos en el Wanda. Y, ojo, el fútbol carece de memoria incluso para quienes lo fueron absolutamente todo. Costa, si lo recuerdan, era uno de ellos... y sacarlo (en lugar de prometer que «ahora sí, lo enderezaremos») parece lo más razonable.