Es condición fundamental para un político que aspire seriamente a lograr éxitos en la vida pública que domine el lenguaje y se exprese con propiedad. Yo diría que incluso debería licenciares en habilidades como la retórica y la elocuencia.
Los aspirantes a algo más que a escaños de segunda fila, estoy convencido de que son asesorados por expertos en estas prácticas  y sospecho que bajo una premisa fundamental para garantizar su éxito; ‘digas lo que digas, hazlo con el convencimiento de que es verdad absoluta e inapelable’. No hay líder destacado que no practique este principio. A veces sin el más mínimo rubor. Se pueden fijar en Pablo Iglesias como ejemplo.
 La verdad absoluta no existe. Todo tiene sus matices, y aferrados a esa circunstancia  se acomodan ante los micrófonos con el aplomo del más respetado patriarca, imán o profeta que proclama la palabra de Dios.
El arte de la elocuencia sirve para seducir y también para enredar, e incluso para despistar la atención de los argumentos de un opositor que nos quiere poner en problemas. Por ejemplo, si como ocurrió este pasado martes en las Cortes de Castilla y León, un procurador de Soria, le pregunta a la  Consejera de Sanidad por las mejoras que han implementado en el sistema sanitario, sobre todo en la atención primaria de la provincia, y ésta se va por peteneras, pero proclama con una convicción que disuelve las dudas con más eficacia que el Fairy la grasa de las sartenes, que ‘se están haciendo las cosas muy bien y que los resultados son extraordinarios’, se acabó la discusión. De hecho el aludido parlamentario, Ángel Hernández renunció a insistir en los datos concretos que pedía sobre mejora en la atención telefónica para pedir cita, o el incremento de personal, y se rajó reconociendo que para no obtener fruto de sus preguntas mejor lo dejaba estar.
La elocuencia es lo que tiene, herencia de los sofistas griegos que aseguraban que era verdad todo aquello que se pudiera demostrar como cierto usando la retórica y la lógica como herramienta. Eso sí, en el caso que nos ocupa conviene que doña Verónica Casado no saque los pies del tiesto y prescinda de los consejos de quienes elaboran los argumentarios en los que  se establece que cualquier crítica que haga la oposición a la situación sanitaria, es una ataque a los profesionales que se  están dejando la piel en la batalla contra la pandemia. Eso ya no cuela, porque ellos saben mejor que nadie cuales son las carencias y sospecho que les gustaría que se cumpliera el acuerdo de todos los partidos para reforzar la sanidad. La elocuencia fascina, pero sólo al principio.