LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Muerte de un ciclista

16/04/2021

Los libros cuyas temáticas son ajenas a problemáticas cercanas resultan más relajantes que leer aquellos con los que nos identificamos pues el dolor se hace insoportable. Esta prudente medida no la apliqué con el 44º premio Anagrama de ensayo titulado Estudios del malestar de José Luis Pardo. Solo se puede decir que es un libro extraordinariamente bueno para comprender qué está pasando en la política española y por extensión en la occidental. Si hubiera que ponerle algún pero, sería la estudiada ambigüedad que despliega a la hora de posicionarse sobre el agudo análisis político, filosófico y artístico.

No tengo ninguna duda de que este magnífico ensayo, irritante seguro en muchísimos aspectos, ha sido leído con detenimiento por los dirigentes de Unidas Podemos. Una vez acabado, se empieza a comprender en qué juego intelectual se encuentra el partido político y lo que es más importante, la izquierda comprometida. Solo el título del libro nos recuerda un hecho que es evidente en cualquier país occidental, la oposición creciente hacia una deriva política no aceptada. Todo este movimiento ha sido denominado despectivamente como populismo, englobando en el concepto tanto los impulsos de la izquierda estalinista como los nostálgicos de orden público sustentado en la coacción y el miedo.

En Occidente se ha producido una fractura en la convivencia fruto de la desafección a la clase política. Esta tensión se apoya en el mantra del carácter inevitable del curso económico y de la dictadura de lo políticamente correcto. Es obvio que los avances tecnológicos, el incremento de la esperanza de vida, el paro, la cultura del subsidio, el descenso brutal de los nacimientos y la ausencia de guerras cercanas han creado un toque de frustración; nuestras vidas son menos auténticas en la medida que no tenemos que enfrentarnos a grandes retos existenciales.

Algunos dirán que nos morimos de aburrimiento, pero mucho me temo que ese escenario no va a ser duradero. El populismo no es peligroso porque se alimente de las bajas pasiones, sino porque promete un paraíso en la tierra que es imposible de cumplir. Nuestro decidido empeño en matar a Dios, arrancar de nuestra existencia una visión trascendental, nos obliga a exigir que nuestro paso por la Tierra no sea un valle de lágrimas. Pero la realidad nos demuestra tozudamente que siempre que ponemos nuestra diminuta fe, en una ideología o movimiento, acaba en tragedia. La verdad requiere humildad.



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