Óscar Gálvez

Periodista. Director editorial Castilla y León Promecal


El desaguisado del Estatuto

23/02/2020

La falta de sintonía entre Alfonso Fernández Mañueco y Luis Tudanca, es decir, los líderes del Gobierno y oposición en Castilla y León, empieza a ser ya más llamativa que la ilimitada capacidad de Francisco Igea para ser el perejil de todas las salsas. Cierto es que queda mucha Legislatura para que los números uno de la Junta y del PSOE encuentren el momento de reconducir su castigada relación, pero a fecha de hoy hay que lamentar que la reforma del Estatuto de Autonomía impulsada por PP y Ciudadanos para acabar con los aforamientos de los miembros del Gobierno autonómico y los procuradores en las Cortes vaya a cerrarse con fracaso. Así será porque el grupo socialista, cuyos votos son imprescindibles para alcanzar los dos tercios de la Cámara que requiere cualquier modificación, tiene decidido abstenerse. La razón que esgrimen desde el PSOE es que esta reforma no debería haberse limitado a este asunto, sino haber aprovechado para establecer un suelo de gasto social en los presupuestos generales de la Comunidad.
El problema ahora tiene mal apaño porque no es posible incorporar la petición socialista dado que la comisión se abrió solo para los aforamientos porque así lo decidieron PP y Cs. Así, cuando llegue a Pleno y no obtenga la mayoría cualificada la iniciativa decaerá y ninguno de los tres partidos habrá conseguido lo que pretendían. Llegados a ese extremo, lo que hay que ver como algo verdaderamente inconcebible es que antes de abrir la comisión para reformar el Estatuto no hubiera existido un acuerdo de mínimos que permitiera un resultado que dejase a todos satisfechos. ¿De qué le sirve a Igea (o al negociador José María Espejo, de Madrid) haber impuesto al PP en su pacto de Gobierno de coalición que se eliminasen los aforamientos si teniendo que contar forzosamente con el PSOE le niegan su petición y abocan la propia al fracaso? Es de suponer que para Cs no bastaba con intentarlo sino que el fin era conseguirlo, lo que solo era cuestión de diálogo. Distinto sería que se tratase solo de un brindis al sol que, a su vez, dejase igualmente satisfecho al PP, que en la anterior Legislatura no era partidario de eliminar los aforamientos y lo aceptó en julio pasado por imposición para el pacto. O que pretendiesen el apoyo de un PSOE con el que ni contaron para la causa y al que poder culpar ahora, con todo el atrevimiento, de que no salga adelante. 
El resultado de este desaguisado es que ni desaparecerán los aforamientos ni habrá suelo social, salvo cambio de sentido de voto de los de Tudanca. El PSOE, pese a tener razón en su crítica a PP y Cs, debería dejar avanzar esta propuesta porque también es coincidente con su pensamiento. Que la coalición de gobierno haya jugado con cartas marcadas no justifica que los socialistas impidan que salga adelante aquello en lo que también creen. Darían una lección de política de la buena. Y allá cada cual con sus conciencias y estrategias.



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