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Editorial

La polémica por la baja menstrual opaca lo esencial de la Ley

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Del porcentaje del presupuesto nacional que debe destinarse a Defensa a la posición del Gobierno sobre el Sahara, los desencuentros en el seno del Ejecutivo entre PSOE y Unidas Podemos han sido moneda de uso corriente desde el minuto 1 de la legislatura. El último motivo de fricción lo constituye el borrador de la nueva Ley del Aborto que ha elaborado el Ministerio de Igualdad y donde se contempla que las mujeres con reglas dolorosas puedan cogerse tres días de baja laboral, ampliable a cinco. Esta medida, pionera en toda Europa y con escasos precedentes en el resto del mundo, supondría según el ala morada ahondar en la política laboral de género, mientras que la vicepresidenta primera del Gobierno, Nadia Calviño, se ha apresurado a asegurar que el Ejecutivo no aprobará ninguna iniciativa «que sirva para estigmatizar a las mujeres», al tiempo que UGT cree que podría discriminar a este colectivo en el mercado laboral.

Las diferencias en torno a la baja menstrual han servido para desviar la atención en lo verdaderamente importante que traerá esta nueva Ley del Aborto que se aprobará el próximo martes en Consejo de Ministros si los dos socios de la coalición logran ponerse de acuerdo en este tiempo. Una de las cuestiones más polémicas que contiene el texto que está encima de la mesa es la posibilidad de que las menores de 16 años puedan interrumpir su embarazo sin permiso paterno y la eliminación de los tres días de reflexión que hasta ahora eran preceptivos. 

El embarazo entre adolescentes supone un problema real con grandes posibilidades de estigmatizar a quienes lo sufren. La solución, como en tantos otros asuntos, debe centrarse en la información que se le da a los chavales y en garantizar su acceso a los métodos anticonceptivos. A esa edad es difícil que se tenga la suficiente madurez para valorar todas las aristas de una decisión, sea cual sea su sentido, que puede condicionar su futuro y por eso lo deseable es que sea lo más meditada posible y que tengan participación en ella también aquellos que por ley están obligados a garantizar las necesidades de desarrollo, dignidad y calidad de vida de sus hijos. 

Eliminar el permiso paterno puede agravar las consecuencias que ese acto puede tener en las menores que lo ejerciten. Partimos de la base de que ninguna mujer aborta por gusto sino que ese momento es traumático y por eso siempre es conveniente que lo hagan acompañadas de sus familiares más cercanos para hacer un poco más fácil ese a menudo doloroso trance. Y con la nueva Ley se puede obviar este paso para evitar el disgusto que suele suponer anunciar un embarazo no deseado. A veces legislar para casos particulares puede acabar perjudicando a la mayoría.