CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Malas compañías

El candidato de ERC a la alcaldía de Barcelona, Ernest Maragall, cada vez más lejos de hacer realidad el sueño de la capital independentista de Cataluña, ha resumido su ataque de contrariedad en una doble pregunta-pedrada contra Ada Colau. La doble pregunta-pedrada de Maragall contra la también aspirante a gobernar el ayuntamiento de la ciudad condal, ahora en tratos con el PSC de Miquel Iceta, es la siguiente: ¿Es aceptable que Colau negocie con los cómplices de la represión? ¿Al final estará con las víctimas o con los carceleros? Para la respuesta quedan unas horas (los ayuntamientos se constituyen este sábado), pero importa resaltar que la ira de Maragall contra Colau proviene del "no es no" de los socialistas catalanes a alinearse con el independentismo.

Fue su respuesta a la propuesta de Colau de formar un gobierno municipal con unos y otros. Y en este punto es donde uno razona sobre la toxicidad de las malas compañías. Si son malas para Iceta y Collboni también deberían serlo para Sánchez y Ábalos. Incluso más, porque el bien a preservar (los intereses generales a escala nacional) es de mayor cuantía. Dicho sea por el llamamiento a ERC por parte de la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo, para que sus 15 diputados no obstaculicen la investidura de Pedro Sánchez. O sea, que se abstengan, para facilitarla. Sin ofrecer nada a cambio.

Es verdad que Calvo no les promete nada ni habla de negociar previamente la abstención de ese grupo independentista catalán. Pero al jefe de filas del mismo, Gabriel Rufián le ha faltado tiempo para mostrar su buena disposición a no entorpecer la investidura siempre que no suponga "un cheque en blanco". Esa declaración de Rufián debería ser suficiente para que Carmen Calvo corriese a desdecirse de su llamamiento a la abstención de esos quince diputados. O a tragarse sin más sus palabras, antes de que la insinuación de Rufián respecto a la factura de su empujoncito a la continuidad de Sanchez en Moncloa se convierta en una nueva ofensiva de las tres derechas contra la rendición del PSOE a las exigencias de los separatistas. Lo cual nos enfrenta a la sinrazón de los partidos constitucionalistas que subordinan la gobernabilidad a sus intereses de partido. PP y Ciudadanos siguen encasilladas en el no a la investidura de Sánchez. Quieren que se busque la vida entre fuerzas afines y partidos regionalistas

¿No piensan impedir que el próximo presidente del Gobierno y contraiga deudas por acercarse a las malas compañías? El independentismo es la peor de todas. 


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