COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Segunda vuelta

Las segundas vueltas son características de las elecciones en sistemas presidenciales o mayoritarios, de tal forma que definir así las elecciones municipales y autonómicas el próximo día 26, cuya campaña oficial acaba de comenzar, es inexacto en términos políticos, pero es real en términos partidistas, por cuanto servirán bien para confirmar los resultados de las generales, bien para que algunos partidos traten de remontar sus malos resultados.   

En esta ocasión se han invertido los procesos electorales, porque ha sido frecuente que las elecciones de carácter territorial tuvieran lugar antes de las generales y que el partido que venciera en ellas acabara accediendo a La Moncloa, confirmando la pulsión de cambio que anunciaban las primeras. La proximidad entre unas y otras hace que el recuerdo de voto esté tan reciente que es muy probable que muchísimas personas voten de igual manera, sin olvidar que las elecciones municipales y autonómicas tienen peculiaridades como la cercanía de los candidatos y un mayor fraccionamiento de la oferta electoral, sobre todo por el lado de la izquierda, que hace más incierto el pronóstico de los resultados.  

El PSOE es previsible que vuelva a ganar las elecciones y si no solo conserva su poder territorial sino que lo aumenta, su líder Pedro Sánchez, podrá garantizarse una legislatura más tranquila y un partido con los barones críticos menos levantiscos.  

Para quien será más que una segunda vuelta, una segunda oportunidad es para el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, a quien quizá no le dé tiempo de ejecutar su viraje al centro –si es sincero- porque el que compró el 28-A lo habrá dilapidado si el 26-M pierde las comunidades autónomas de Madrid y Castilla y León y no recupera ninguno de los ayuntamientos del cambio. Un nuevo fracaso debiera conducir directamente a su dimisión para facilitar la llegada de un nuevo equipo que comience a devolver prestigio a las siglas, que algunos candidatos tratan de ocultar lo mismo que prefieren que Casado no aparezca por sus mítines. Este repudio al líder y en cierto modo al partido es frecuente cuando una formación se encuentra en horas bajas, aunque se trata de un señuelo que los votantes no suelen tragarse, porque se conoce perfectamente de donde viene cada uno, cuál es su casa y cuál es su estación de destino. Si no logra remontar en la segunda vuelta –y las encuestas no son halagüeñas- será otra víctima más de la decisión de Mariano Rajoy de no dimitir y permitir que triunfara la moción de censura y el PSOE, de forma precaria, comenzara a gobernar.   

A Ciudadanos, que tendrá presencia en todos los parlamentos autonómicos solo le sirve ser decisivo en la formación de algunos gobiernos y conseguir ir extendiendo su marca. Si pese a su incremento de escaños Albert Rivera no consiguió ninguno de sus objetivos en las generales, en estas elecciones si puede ser bisagra en algunos territorios y aclarar cuál es la relación que quiere mantener con Vox. 

Y si la izquierda del PSOE, por sus divisiones internas en varias comunidades autónomas, no contribuye tampoco a la formación de gobiernos progresistas, no podrán seguir enmascarando la derrota de hace un mes e iniciar un nuevo proceso –uno más- de reflexión. 


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