COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Cargarse lo más para conseguir lo menos

23/05/2020

Al presidente del Gobierno se le han podido disculpar muchas de sus decisiones y actitudes a lo largo de estos últimos cuatro meses  porque las matemáticas electorales le han obligado a pactar con Unidas Podemos, pese a sus declaraciones de que no lo haría. Se han podido entender muchas contradicciones, colisiones y rectificaciones porque era la primera vez que un gobierno de coalición dirigía los destinos del país. Se han justificado muchos errores a la hora de afrontar la pandemia del coronavirus, porque el desafío ha sido de tal magnitud que todas las autoridades sanitarias en la mayor parte de los países los han cometido y han tenido que arbitrar medidas sobre la marcha. Incluso ha tenido una cierta indulgencia porque ha contado con una oposición que tampoco ha estado a la altura de las circunstancias.

Después de tantas vicisitudes, a Pedro Sánchez se le ha ido agotando el crédito de confianza y su último movimiento, al pactar la derogación de la reforma laboral de Mariano Rajoy con UP y EH Bildu, lo ha terminado por dilapidar, y ha puesto de manifiesto todas las carencias que se le han colgado a su figura pública: lejos de ser un estratega ha resultado un tacticista de vuelo gallináceo que ha convertido el regate en corto y la política con minúsculas en su forma de trabajo. Para ello no ha dudado en utilizar tretas, artimañas y ocultación de sus intenciones incluso a quienes son sus socios por necesidad o de ocasión. Han quedado al descubierto su  capacidad para el engaño y sus actitudes cesaristas, que no le ha quedado más remedio que ir modulando a medida que sus decisiones se hacían insostenibles.    

Las consecuencias de su última decisión, que además se ha revelado inútil por cuanto su equipo ya había atado el apoyo mayoritario a la quinta prórroga del estado de alarma, ha sido cargarse lo más importante de las intenciones de su proyecto por conseguir lo menos. Porque lo importante, lo que tendría que ser su proyecto estrella es forzar la máquina para que la Comisión de Reconstrucción Económica y Social fuera el punto de partida para su objetivo de que nadie se quede atrás en la salida de la crisis. Y eso no se puede conseguir, o no con la intensidad necesaria, sin un diálogo social fructífero que ya había comenzado a dar resultados pero que ahora ha quedado aparcado por falta de confianza de todos los actores en el presidente del Gobierno y en el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, más preocupado por el maximalismo de sus propuestas que del pragmatismo para llevarlas a cabo.

Además de dar a EH Bildu un protagonismo incomprensible que ya se encargan ellos de pregonar, Sánchez ha causado el enojo de uno de los socios necesarios de la investidura, el PNV, se ha cargado la campaña electoral del PSE, ha vuelto a desatar las críticas internas en el seno de su partido que nunca se terminaron de acallar, se recrudecen las tensiones en la cohesión de su gobierno, se acrecientan las dudas en la Unión Europea cuando se negocian multimillonarios paquetes de ayudas, se resquebraja su magra mayoría parlamentaria y se acentúa el problema territorial. Y todo eso por unos votos innecesarios.

El error de Sánchez ha sido de tal magnitud que sus consecuencias serán incalculables. Como solución, la ministra portavoz echa la culpa al PP. Excesivo.



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