LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Regalar vida

La nueva medicación no le sienta bien. Lleva días apático, sin ganas de nada y de muy mal humor. Sus últimos achaques, más fuertes de lo habitual, han obligado a los médicos a cambiar su tratamiento. Todo sea por intentar evitar el quirófano, una palabra y un lugar que sólo escucharlo le produce pánico.
Rafael vive en Valencia, tiene dos hijos, es empleado de una entidad financiera y está cerca de cumplir los 50. Apasionado de los deportes, una tarde jugando al squash se siente extraño, indispuesto. Un fuerte vahído le impide continuar con el partido, pero, aunque antes jamás le ha pasado, no le da ninguna importancia.
Dos semanas después, la historia se repite, esta vez en el gimnasio y sobre una bicicleta estática. El episodio es más grave. Se desploma y durante unos segundos permanece inconsciente. Recibe los primeros auxilios, hasta que llega una ambulancia y lo traslada al hospital. Algo sucede y no pinta bien.
La familia espera en la habitación. Su mujer piensa que el ERE del banco, que le ha generado un estrés descomunal durante semanas, al pasar de creer estar en la lista negra a llevar las riendas de la negociación de los finiquitos, le ha podido pasar factura. Sin embargo, las pruebas médicas desvelan otra realidad. Rafael sufre una cardiomiopatía. El músculo que hace funcionar a su corazón está enfermo y es necesario comenzar a recibir un tratamiento al mismo tiempo que se modifican algunos de sus hábitos de vida para que, con mucha paciencia, se pueda curar.
Pese a que le costó adaptarse a la nueva medicación, se encuentra mejor. Ya son varios los meses que lleva de baja y la mayor parte de su tiempo lo dedica a pasar más ratos con sus hijos y a uno de sus grandes hobbies: la cocina. El puente de los Santos está cerca y, aprovechando las ventajas del benévolo clima del Mediterráneo, decide organizar una barbacoa en el patio de su casa, para agradecer a familiares y amigos cómo se han portado con él desde que cayó enfermo. 
La fiesta se prolonga hasta bien entrada la noche y, una vez finiquitada, la pareja se pone a recoger mientras sus chavales abandonan el jardín y entran en casa para ver la televisión. Rafael traslada unas bombonas al cobertizo y, de repente, el perro comienza a ladrar insistentemente. Su mujer, que está en la cocina, no le da ninguna importancia, pero la insistencia del animal hace que salga de la casa y se tope con la dramática escena: su marido convulsiona en el suelo. 
Tras días de pruebas y de encierro en el hospital, los facultativos dan la buena nueva a la familia: a la cardiomiopatía se le ha unido la enfermedad de las arterias coronarias. La situación es complicada y la mejor solución es un trasplante. Sólo queda esperar.
Como Rafael, más de 8.000 personas se han beneficiado de esta técnica que permite aumentar la esperanza de vida desde que hace 35 años se llevara a cabo con éxito el primer trasplante de corazón en el Hospital San Pau de Barcelona. 
Las cifras hablan por sí solas. España lleva 27 años seguidos siendo líder en trasplante de órganos. El pasado año se alcanzaron los 48 donantes por millón de habitantes, la tasa más alta del planeta, y las intervenciones que se realizaron superaron la barrera de las 5.000. ¿Cuál es el secreto de que estemos a la cabeza a nivel mundial?
La solidaridad es una de las señas de identidad de la población española. Sin esa primera premisa, nada de todo el proceso sería posible. La Organización Nacional de Trasplantes (ONT) lleva tres décadas concienciando sobre la necesidad y los beneficios que genera la donación; un gesto que puede servir para que otro ser humano continúe viviendo. 
El modelo implantado por la ONT, que goza de una excelente coordinación entre comunidades autónomas, siempre ha tenido muy en cuenta que haya profesionales perfectamente preparados para que puedan gestionar de forma adecuada la donación inmediata en el momento en el que fallece el paciente y se ceden sus órganos. Además, existen equipos encargados de localizar a potenciales donantes repartidos en la UCI, en urgencias y en las distintas plantas de los centros hospitalarios, y tampoco se desdeña la opción de que quien actúe de forma solidaria sea una persona mayor de 65 años o que no sólo haya fallecido como consecuencia de una muerte cerebral, sino que el deceso se haya podido producir por un fallo circulatorio.
El teléfono rompe el silencio en casa de Rafael. Su mujer responde al otro lado de la línea y en su rostro, entre nervioso y emocionado, se puede entrever lo que está pasando: no hay tiempo que perder, un corazón está esperándole. Jamás sabrán de quién procede ese órgano que abre la puerta a la esperanza.



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