UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Sorpresa relativa

Esta vez las encuestas se aproximaron bastante al resultado. Todas, en general, también la del CIS, que incluso, aun ofreciendo unas amplias horquillas, acertó más que la media. Vistos los precedentes, hasta parece un tanto raro que se diera tanto grado de coincidencia. Así que habrá que preguntarse por lo que haya podido pasar para que esto haya sido así.
Lo primero de todo es una constatación que, a toro pasado, resulta muy evidente, pero que antes de la votación era el motivo principal de la incertidumbre. Se trata del alto porcentaje de indecisos que sistemáticamente se proclamaba como colofón de todos los sondeos: el pronóstico es éste, pero tengan cuidado, tómenlo con reservas, porque el número de indecisos es muy elevado; empezó en un 40%, pero ya casi al final de la campaña electoral seguía en un 30%. Y no era tal. En esto es en lo que se equivocaban las encuestas; habría indecisos, como siempre les ha habido hasta el último momento, pero en número muy reducido, acaso el más reducido en mucho tiempo. Yo también pensé que, habiendo tantos contendientes, los indecisos serían muchos; pero a la vista de esa coincidencia entre sondeos y resultados, cabe deducir que eran muchos menos. La inmensa mayoría de los votantes tenían claro lo que iban a votar; es probable que la experiencia, no favorable, de inestabilidad de estos años haya impulsado a los electores a actuar con decisión de acuerdo con sus ideas y con lo que cada uno considerara más útil para la gobernación del país. Otra cosa es que otra experiencia, la del bombardeo de encuestas poco fiables en los últimos tiempos, impulsara a muchos a no manifestar su decisión al encuestador, prefiriendo manifestarse como indeciso. Una reacción bastante lógica, por otra parte, cuando no hay confianza en el instrumento con el que te interrogan. Así que una buena lección para futuras ocasiones.
En lo demás, el resultado tiene explicaciones electoralmente razonables. El PSOE tuvo varios elementos a favor: su competidor por la izquierda (Podemos), retrocediendo, aunque al final recuperó algo; sus competidores por la derecha, peleando divididos por el mismo espacio, con una radicalidad nunca vista, ignorando lo que pasa cuando tú pierdes porque otro te quita, pero éste tampoco llega, y se beneficia un tercero. De modo que ganó con diferencia el que daba más confianza y más garantía. Buena lección para aprender.


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