SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Y la casa sin barrer

17/07/2020

No suele pasar más de un año sin que la actualidad de nuestra comunidad me dé oportunidad, y casi me fuerce, a escribir una ‘sopa de guindillas’ dedicada a la Ordenación del Territorio, proyecto fundamental para la gestión de la región más grande de España y de Europa, que se viene posponiendo desde el día mismo en que se constituyó el gobierno preautonómico, allá por 1983. Hace ya 37 años.
La periodicidad de mis columnas está directamente relacionada con la de las iniciativas que rebrotan, como un coronavirus cualquiera, a instancias, claro está, de quien debe tenerlas en este asunto, pues es su competencia, la Junta de Castilla y León.
Conviene recordar qué es eso de la Ordenación del Territorio, aunque sea de manera burda y en cuatro líneas. Se trata de organizar racionalmente los servicios e infraestructuras para optimizar su eficacia, que no significa que sean más baratos, sino que cubran las necesidades y expectativas de los ciudadanos, a ser posible de la manera más igualitaria posible.
Parece simple, pero no carece de complejidad y sobre todo en territorios con población escasa y dispersa como éste en el que nos ha tocado vivir. Ello no debe servir como excusa. Carece de sentido que no se aplique ese que se califica como el menos común de los sentidos, el sentido común, a algo tan evidente y fundamental en lo que ahora se va a retomar con reuniones de alcaldes. En el año 1983, había que construir la casa común de nueve provincias, hoy hay que hacer una reforma a fondo, muy a fondo y en parte porque hay elementos inesperados que han irrumpido en nuestras vidas. La Covid 19 obliga a replantearse las ocurrencias que se estaban perpetrando en la Consejería de Sanidad y a planificar y negociar, como preservar la salud en todas partes, incluida la provincia de Soria aunque seamos pocos y viejos. Los experimentos, con gaseosa.
Los reiterados fracasos en esta materia, son reflejo de esa manera de actuar, a salto de mata, que  resulta tan común en nuestro país. Fiamos todo a la improvisación y sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. El caso es que ahora está tronando y si algo bueno tiene que salir de esta pandemia se resiste a dejarnos en paz, es un acuerdo universal en Castilla y León que incluya no sólo a los partidos, sino también a los agentes sociales y todas las instancias administrativas, empezando por los municipios y elabore de una vez el dichoso y fallido hasta ahora, documento del que estamos hablando. Puede que sea más importante incluso que el propio Estatuto de Autonomía, porque debe diseñar una comunidad de futuro.
 



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