UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Conflicto político

Me resulta un tanto curioso el que se esté haciendo tanta cuestión, sea para generar alarma, sea para dar a la expresión un alto valor, del hecho de que en algunos de los comunicados en que se describía la negociación entre el PSOE y ERC, con vistas a un acuerdo que permita la investidura, haya una referencia al problema catalán caracterizándolo como “conflicto político”. Y lo digo porque me parece que, efectivamente, lo que hay allí es un conflicto político. Seguramente hay mucho más, pero como mínimo hay eso, con independencia de las causas que lo hayan generado, de los métodos que se propugnen para resolverlo, y de las consecuencias de todo tipo que están provocando.

El problema entonces no es la forma de denominarlo, sino todo lo demás; o sea, los objetivos, los medios, los límites. Más en concreto, el problema de negociar la gobernabilidad del Estado con un grupo político que no trabaja en clave de Estado, sino todo lo contrario, es obviamente complicado. Es comprensible la discreción y la prudencia; pero también es comprensible la inquietud. Pasa lo siguiente: ERC, como parte negociadora de una abstención que teme que se presente como apoyo, tiene claros sus objetivos, bien sabidos con carácter general, porque en ningún momento han ocultado que están relacionados con la autodeterminación y con la situación de los condenados; frente a eso, la otra parte, cuyo objetivo en la negociación es alcanzar unapoyo necesario para formar gobierno, no evidencia con tanta claridad los límites con que aborda las citadas pretensiones, o, al menos, esos límites no se perciben con suficiente certeza. Y es esa falta de correspondencia entre los objetivos de uno y los límites del otro lo que debe estar dificultando la negociación, ciertamente complicad asi se tienen en cuenta esas circunstancias.

Así que no estaría de más considerar seriamente la posibilidad de pulsar otras opciones, sin duda también difíciles. De intentarse, la carga de la prueba se invertiría contra quien apareciera negado y contumaz, y proporcionaría alguna mayor legitimación a la vía que se está intentando, simplemente por la constatación de que no hay otra que esté habilitada.



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