SIN RED

Loli Escribano

Periodista


El pasado estorba

14/02/2020

Si repites una mentira mil veces acaba convirtiéndose en verdad. Si a esa aseveración le añades que el cerebro no distingue entre realidad y ficción, es relativamente fácil manipular desde cualquier plataforma, red social o medio de comunicación a las masas. Esta semana, en ese juego de pin pon entre la derecha y la izquierda de toda la vida, se han podido corroborar estos planteamientos. El lunes los parlamentarios populares del PP de Soria convocaron rueda de prensa. Con la excusa de informar en qué comisiones del Congreso y el Senado les han integrado, soltaron el dedo acusador, el índice, contra el Gobierno de la nación. Una hora después, les tocó el turno a los procuradores regionales socialistas. Más o menos lo mismo cambiando la dirección del dedo hacia el Gobierno regional. Ya saben, ese cruce de los consabidos «y tú más» cuando unos y otros tienen más que callar que hablar, a la vista está cómo estamos en esta tierra. El pasado estorba. Cuando se critica a un Gobierno habiendo sido Gobierno, dejando a una provincia patitiesa, el pasado estorba a esos partidos. Sobre todo porque tenemos memoria, hemerotecas y archivos sonoros.
Cuando lo que defienden y mienten se mezcla, es complicado darles credibilidad. Cómo distinguir a estas alturas entre verdades, medias verdades, medias mentiras y mentiras del tamaño de la despoblación que nos azota. Los políticos son el reflejo de la sociedad, no nos engañemos. Vivimos una época de postureo, de hacernos fotos en las que aparentamos lo que no somos. Más guapos, más jóvenes, más tersos y altos. Más felices. Ni somos tan guapos, ni tan jóvenes ni tan tersos ni tan altos. Ni tampoco tan felices. Así se muestran los políticos en esas comparecencias en las que el pasado les estorba: muy altos, guapos, jóvenes y felices. Los políticos cuentan lo que creen que necesitan contar para convencernos de que debemos confiar en su gestión, en que hacen lo mejor para nosotros. Hace unos días escuché una pregunta en un episodio de la serie Merlí a la que me ha enganchado mi hijo: «¿es necesaria la mentira?» El protagonista, un profesor de filosofía, explicaba a sus alumnos que los políticos nos intentan engañar, o mejor dicho, intentan posturear con sucias mentiras. Pero realmente su reflexión traslucía que son solo un reflejo de la sociedad, de todos y cada uno de nosotros. ¿O acaso no mentimos nunca?  Confío en que tanto los políticos como la sociedad contemos más verdades y menos falacias. Al fin y al cabo, esto de las mentiras como ya he dicho, es un verdadero partido de pin pon: por muy fuerte que le des a la pelota, te pueden acabar haciendo punto, set y partido.



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