CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Relaciones personales

Comentaba días atrás un veterano socialista, de los pocos que todavía se mantienen en activo, que la gran diferencia respecto a los años de la Transición es que, entonces, se intentaba mantener buenas relaciones personales incluso con los adversarios con los que eran más enconadas las relaciones políticas. Y eso que se trataba de tiempos mucho más complicados que los actuales para llegar a acuerdos, con la dictadura muy reciente, las heridas de los perseguidos por el franquismo a flor de piel, e infinidad de exiliados de vuelta a España y formando parte de los nuevos partidos.

Al trasladar el comentario a un dirigente del PP con cierta experiencia aunque no vivió la Transición, reconocía que efectivamente echa de menos ese clima de los inicios de la democracia sobre el que tanto ha leído y escuchado, con los políticos arremetiendo sin clemencia contra sus adversarios en los parlamentos pero que después podían compartir mesa para analizar en profundidad los asuntos sobre los que discrepaban para intentar buscar la forma de llegar a acuerdos por el bien de los españoles.

Nada de eso existe ya. Es conocida la falta de empatía que sienten Sánchez, Iglesias, Casado y Rivera entre sí, en algunos casos tan pronunciada que les cuesta saludarse; a esos cuatro se ha unido un Santiago Abascal que ha metido todavía más cizaña, en unos casos porque se siente mangoneado y en otras porque su carácter no es precisamente el que se supone a un líder político. En los últimos 50 años han sido frecuentes los calentones de boca en dirigentes de todas las ideologías, pero es difícil encontrar un ejemplo similar al de Abascal llamando a Albert Rivera acojonado, lameculos de Macron y sinvergüenza.

Si Vox representa la nueva clase política que se necesita en España, la que según ellos se expresa sin complejos y dice verdades como puños, pues mejor que busque otros territorios en los que actuar, porque no son esos los modos políticos que merece este país. La chabacanería, el mal gusto y el insulto barriobajero dice muy poco de Abascal y de Vox, por muchos motivos que tengan, que los tienen, para sentirse ninguneados por Ciudadanos. Se comprende que todos los sondeos serios indiquen que está perdiendo votos a chorros, no hay día en el que Abascal y su equipo no den motivos para que los que confiaron en Vox se sientan decepcionados.

Los pactos siempre han sido asunto complicado, de toma y daca, de defender posiciones a cara de perro. No se sabe cómo acabarán las negociaciones para formar gobierno en España y en Madrid, pero la cosa pinta mal. Por la distancia entre las posiciones de unos y otros, pero sobre todo por la falta de respeto entre los contrincantes.

Se comprende que millones de españoles estén deseando que llegue cuanto antes la hora de relevar al quinteto del que depende nuestro futuro… aunque esos cinco dirigentes acaban de llegar.


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