PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


1975, ¿año clave?

Los fines de semana en León, tanto el Barrio Húmedo como la Zona Romántica, se convierten en una especie de pasarela, un concurso de disfraces. Grupos de jóvenes (venidos de lugares lejanos porque así no te reconocen) se congregan para celebrar despedidas de soltero aprovechando las económicas ofertas (todo incluido -alojamiento, alimentación y bebida, fundamentalmente bebida-) que se ofrecen por internet. Los disfraces parecen casi todos propios de obsesos sexuales y no me atrevo a transcribir algunos de los textos de las camisetas de sus uniformes. Está claro que todo es un negocio, pero ante la vulgaridad, me pregunto si no estaremos en el camino equivocado.
Hace pocos días invité a mi madre a comer. En la mesa contigua, una pareja joven preguntó al maître como era el cabrito frito con ajos, patatas y pimientos de Padrón. El maître le explico con paciencia que el plato consistía en cabrito troceado y frito con ajos, patatas y pimientos de Padrón. Les pareció atractiva la propuesta y la encargaron. Cuando llegaron los platos, se quedaron sorprendidos mirándolos y le dijeron al camarero: «pensábamos que era un asado». Me llamó la atención la incapacidad de comprender un mensaje, tanto hablado como escrito, tan sencillo. No quiero elevar anécdotas a categorías, pero entre las despedidas de soltero, las estupideces que se leen en internet o WhatsApp y la falta de comprensión de mensajes claros me pregunto ¿qué está pasando? ¿Cada día somos más estúpidos? ¿Estamos asistiendo a una disminución de la inteligencia?
Hace poco leí un estudio del Centro de Investigación Económica Ragnar Frisch en Noruega en el que se afirma que el cociente intelectual de los jóvenes ha ido disminuyendo año a año y que el paulatino descenso comenzó en 1975. Lo mismo señala el Laboratorio de Genética de la Universidad de Stanford y amplia la noticia con el dato de que la inteligencia disminuye en siete puntos por generación. No se sabe con precisión la razón; unos opinan que se debe a los cambios educativos o la preferencia por la televisión y los ordenadores a la lectura; otros lo achacan a la influencia del uso de los pesticidas o al consumo de alimentos procesados. No faltan detractores. Un estudio del King´s College de Londres sostiene que somos más inteligentes cada año. Justifica su afirmación en que como el talento se demuestra haciendo y la inteligencia eligiendo, es obvio que las grandes conquistas tecnológicas tienen que ser producto de una mejora de la capacidad intelectual.
¿Quién tiene razón? La teoría sobre la disminución de la inteligencia a partir del año 1975 necesita todavía más estudios –soy escéptico sobre la validez de los test de inteligencia y quizá en la era digital se debería medir la capacidad intelectual de otra manera- aunque tiene una interesante potencia explicativa. Cuando pienso en el año de nacimiento de los políticos más destacados de la actualidad –Santiago Abascal (1976), Pablo Iglesias (1978), Albert Rivera (1979), Pablo Casado (1981) o Alberto Garzón (1985)- me inclino a creer que la teoría es totalmente cierta, pero después recuerdo a Mariano Rajoy (1955), José Luis Rodríguez Zapatero (1960), Quim Torra (1962) y, por encima de todos, a la vicepresidenta (1957) Carmen Calvo (la de «el dinero público no es de nadie» o «en el futuro habrá una constitución en la que diga con todas las letras que hombres y mujeres son iguales porque ahora no lo dice») y me asaltan enormes dudas. 



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