SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Apedreando el avispero

Persiste el presidente de la diputación, Benito Serrano, en tensar la relación con la oposición socialista a partir de la tesis de que un número indefinido de alcaldes se cambiaron de siglas, en los últimos comicios, seducidos por  promesas de inversiones en su pueblo si  se presentaban por  la lista del PSOE. Lo dijo poco después de jurar el cargo y lo reiteró en el pleno del pasado lunes, curiosamente, justo cuando el ambiente entre los corporativos se había endulzado hasta el empalago con el agradecimiento de la portavoz de la oposición Esther Pérez, por el buen rollito del debate que tenía lugar sobre las bases de los Planes Provinciales. Dio la impresión de que Serrano llevaba la bala del clientelismo en el tambor del revólver y había que apretar el gatillo. Disparó  y resultó  herido el ex presidente Luis Rey, que llegó a exigir la retirada de sus afirmaciones. Serrano no lo hizo, sin embargo reconoció que él mismo, en su día, también cambió un par de veces de siglas, del PSOE en San Esteban a la Unidad Por el Cambio en Golmayo, para llegar hace cinco años al Partido Popular, pero enfatizó a renglón seguido que en ningún caso fue a cambio de  prebendas personales. Yo le creo pero, ya saben el viejo dicho latino ‘excusatio non petita, acusatio manifesta’.
Me parece recordar que, sobre esta cuestión, ya he desgranado algunas líneas en esta misma columna, para justificar por cierto, este tipo de movimientos que no suponen en absoluto una muda ideológica sino la aplicación del sentido común de candidatos que perciben que se obtienen ventajas en la gestión si uno está del lado del que  se supone caballo ganador. La pavimentación de una calle, o la mejora del abastecimiento no forma parte de ningún ideario político, es el reto que asume un alcalde cuando se complica la vida en una convocatoria electoral y quiere salir vivo de su mandato con algo digno que presentar a los vecinos que le votaron.
Ahora bien, dicho esto, miente como un  bellaco quien no reconozca que hay casos en los que, personajes que se saben deseados como buenos aspirantes, no ponen por delante de su compromiso con unas siglas, un puestecito  entre los 25 de la diputación  o algún cargo orgánico en el partido, si la cosa sale bien en las urnas. Ahí sí que podría dar ejemplos, incluso de refriegas post electorales  cuando no se hacen efectivas la promesas porque no caben en el pleno todos a los que se ha reservado el cómodo y lucrativo sillón. Si el propio presidente Serrano tira la piedra y esconde la mano, no seré yo quien abra la caja de los truenos. Pero si todos tiran piedras al avispero, la mayoría saldrá marcada con dolorosos picotazos.


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