LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Asfixia

El fuego se propaga con una virulencia extrema, dejando a su paso un siniestro rastro de ceniza y muerte. El canto melódico de las aves ha dado paso en segundos al estremecedor rugido de unas llamas, que arrasan con todo. Una hembra de tamarino trata de escapar con su cría a cuestas, saltando de rama en rama con dificultad, en una huida desesperada hacia ninguna parte. No hay salida. El denso humo no le permite respirar, se asfixia, y acaba desplomándose desde la copa de un árbol hasta golpearse contra el suelo. La selva tropical más grande del planeta y el hogar de la mitad de las especies de animales terrestres se ha transformado en una hoguera infernal.
El pulmón más importante de la tierra está enfermo. La mano del hombre está detrás del desastre. La tala indiscriminada y la expansión frenética de la ganadería han provocado en sólo un año decenas de miles de incendios, reduciendo la capacidad de una reserva de carbono, que ayuda a frenar el ritmo del calentamiento global.
La tribu de los Mura está inquieta. Huele a humo. La comunidad indígena está cercada por el fuego y debaten la posibilidad de abandonar su hogar en el que llevan viviendo siglos. Nadie quiere irse. Piensan que sus rudimentarios cortafuegos son capaces de frenar la voracidad de las llamas, pero pronto se dan cuenta de que, en esta ocasión, no habrá más remedio que emprender la marcha. Un pequeño grupo decide permanecer en este bucólico enclave de la Amazonia. Con técnicas y herramientas primitivas, tratan de evitar que las llamas consuman sus cabañas. La resistencia es numantina, no dan abasto y, con el pánico y el llanto entremezclado en los ojos, piensan en escapar. Homo homini lupus. El hombre es un lobo para el hombre.
Brasil es el epicentro de la tragedia. Más de la mitad de los incendios que se registran en la selva tropical tienen lugar en su territorio. El presidente Bolsonaro, acuciado por las proporciones de la catástrofe, comparece ante la prensa y, sin pestañear, señala como culpables a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que, al ver cómo han menguado sus subvenciones para proyectos enfocados a proteger el ecosistema, se han convertido en pirómanos para que todos los focos mediáticos se centren contra su persona. De locos.
La devastación que padece el Amazonas desde hace años es sólo la punta del iceberg de las consecuencias de un cambio climático, que esta semana ha tenido en la sede de Naciones Unidas una cumbre para analizar la situación global en el mundo. Entre los acuerdos alcanzados en la cita -ninguno vinculante-, cabe destacar que 77 Estados se han comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a cero neto para 2050 y un centenar de líderes empresariales plantearon llevar a cabo acciones concretas para alinearse con los objetivos del Acuerdo de París y acelerar la transición de la economía gris a la verde. Sin embargo, tres de los países más contaminantes del planeta -China, India y EEUU- no suscribieron el pacto y, como certifican los últimos informes oficiales auspiciados por organismos independientes, la temperatura de la tierra ha registrado los índices más elevados de su Historia en el último quinquenio, y, si los planes de recorte de los Estados no son más ambiciosos y se implica a esta terna, el incremento será de más de tres grados antes de que termine el presente siglo.
Pero si algo destacó en la cumbre por encima de las palabras que muchas veces se escriben sobre papel mojado, fue la presencia y, sobre todo, el vehemente discurso de la precoz activista sueca Greta Thunberg, líder del movimiento juvenil contra la crisis climática. Con tan solo 16 años, acusó a los jefes de Estado y de Gobierno de no hacer lo suficiente para revertir la actual situación y les avisó de que su generación va a empezar el cambio, «les guste o no». Desde hace poco más de un año, las intervenciones de esta chica con síndrome de Asperger en distintos foros se han vuelto virales, erigiéndose en el centro de atención mediático y generando todo tipo de opiniones.
Los defensores de Thunberg alaban la labor de una muchacha que ha sacudido las conciencias de miles de jóvenes y cuya aventura comenzó en agosto de 2018, cuando decidió hacer huelga durante las elecciones generales suecas para forzar al Gobierno a reducir las emisiones de carbono. Todos los días se sentaba a las afueras del Riksdag durante el horario escolar. Después de los comicios, se siguió movilizando cada viernes, recibiendo un enorme respaldo. Pero Greta también tiene detractores. Unos no entienden la exposición a la que se somete, otros la acusan de postureo y de no ser consecuente e incluso los hay que denuncian que es la cara amable del lobbie que conforman las empresas energéticas verdes.
La tribu de los Mura lleva días limpiando la selva. El pequeño grupo aguantó estoicamente y consiguió salvar el poblado de las llamas. La tierra, igual que los indígenas, se asfixia. La ONU alerta de que, si no se reducen las emisiones, el nivel del mar subirá un metro antes de que acabe el siglo. La concienciación es fundamental y las nuevas generaciones tienen ante sí un reto enorme, más aún cuando algunos de los jóvenes que salen a manifestarse contra los plásticos y el cambio climático son incapaces de recoger los residuos tras hacer un macrobotellón.  


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