Miguel de Lózar


Arquitecturas recicladas

24/01/2020

El concepto de patrimonio histórico, en arquitectura, ha ido ampliándose paulatinamente en las últimas décadas hasta alcanzar un espectro que abarca desde los monumentos arquetípicos, como podría ser el arco del triunfo de Medinaceli, hasta nuevas tipologías alejadas ya del concepto clásico de monumentalidad, como, por ejemplo, la industrial, que permiten que, hoy por hoy, cualquier edificio pueda ser objeto de protección atendiendo a sus cualidades específicas. Este creciente interés por la preservación de un abanico cada vez más amplio del tejido construido nos ha llevado, aquí en Soria, a plantearnos en estos últimos años la intervención en edificios de muy diversa índole bajo la premisa de su conservación, aunque para ello se haga preciso cambiar el uso al que inicialmente estuvieron destinados, en una suerte de reciclaje arquitectónico. Hay que decir, sin embargo, que esta técnica del reciclaje de lo construido se ha venido practicando desde los mismos orígenes de la arquitectura y que no ha sido hasta muy recientemente, cuando nuestras modernas capacidades técnicas nos han permitido reducir formidablemente el coste de la construcción, cuando lo que había sido la norma, debido a la necesidad de economizar los escasos recursos disponibles, ha pasado a ser, a día de hoy, la excepción.Ahora bien, en términos sociales, la inversión en el mantenimiento de nuestro patrimonio es siempre rentable, pues, como señala Françoise Choay, con la conservación del patrimonio construimos un espejo donde poder contemplar, como sociedad, nuestra mejor imagen. Pero, para ello, se hace imprescindible dotar de uso a estas construcciones, pues no se trata de musealizar la ciudad mediante la conservación de edificios vacíos de contenido. Y es que es el valor de uso de un edificio, como ya apuntara Alois Riegl, el criterio que permite distinguir al monumento de una ruina y Soria, si no quiere convertirse en una, deberá reinventar nuevos usos para su patrimonio o, de lo contrario, terminará despareciendo, como Fantasía en la Historia interminable, devorada por la nada. Problemas como los nuestros se pueden encontrar, por otra parte, en prácticamente todas las ciudades europeas. Así, en Madrid, tenemos la reciente reconversión del Edificio España (1948-53) en un hotel -lo mismo que aquí se plantea hacer con el antiguo CUS- o, en Londres, una antigua central hidroeléctrica que hoy alberga la Tate Modern Gallery, algo similar a lo que esperamos que ocurra aquí con la antigua sede del Banco de España y a lo que, en otra escala, hemos intentado hacer en la antigua cafetería Alameda, hoy Espacio Alameda.La intervención en nuestro patrimonio histórico es, por tanto, imprescindible para  la construcción de nuestra identidad pero, al mismo tiempo, como también advertía Choay, habrá que mirarse en ese espejo sin que nos pase como a Narciso que, obnubilado con su imagen, murió ahogado intentando atrapar su reflejo. La conservación del patrimonio no puede ser el único refugio de una sociedad, arquitectónicamente hablando, cada vez más desnortada. El patrimonio heredado es importante pero debemos ser asimismo capaces de generar un nuevo patrimonio en el que también nos podamos mirar y reconocer.



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