COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Fiarse de ERC

La cuestión es si cabe la posibilidad de que ERC vuelva a repetir la jugada de febrero del pasado año y presente una enmienda al totalidad de los Presupuestos Generales del Estado y acabe de nuevo con otra legislatura encabezada por Pedro Sánchez, o si el Gobierno lo ve tan mal que vuelve a prorrogar por enésima vez las cuentas públicas aprobadas bajo la hégira de Cristóbal Montoro.   

Los negociadores del acuerdo de investidura nunca aclararon si el pacto que permitía a Pedro Sánchez seguir de inquilino de La Moncloa incluía el compromiso de dejarle gobernar mediante la aprobación de los PGE condicionado además a la puesta en marcha de la mesa de negociación entre los gobiernos central y autonómico prevista para finales de este mes. La estrategia de Quim Torra de convocar las elecciones catalanas tras la aprobación de los presupuestos catalanes trastoca todos los planes, porque ERC que parecía tener la alfombra roja tendida para ganar las elecciones recibe presiones de todo tipo y su estrategia pendiente de los designios del presidente catalán.   

El futuro de la legislatura, por tanto, se juega a dos bandas. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero  ya ha manifestado que no presentará el proyecto de PGE en las Cortes hasta que no tenga la confirmación de que ERC los apoyará, y se ha dado de plazo para hacerlo  hasta el mes de septiembre, cuando la previsión inicial era la de tenerlos aprobado a principios del verano. Y ERC condiciona su respuesta a sus expectativas electorales.

Lógicamente nadie quiere mostrar sus cartas hasta que no sea estrictamente necesario. El triunfo de ERC en las elecciones catalanas  sigue apareciendo lo más probable en las encuestas publicadas pero el futuro gobierno catalán dependerá de la suma con los otros dos partidos independentistas JxCAT  y la CUP. Aunque los antisistemas no participarían en un gobierno  de coalición a tres bandas, no dejarían de apoyar un nuevo bipartito independentista. La posición ‘oficial’ de ERC es, además de reunir a las tres formaciones independentistas, sumar a ‘los comunes’.

La otra posibilidad es la reedición del tripartito a imagen y semejanza del que encabezó Pasqual Maragall. Pero ERC y el PSC se niegan mutuamente. La ‘número dos’ del PSC, Eva Granados, afirma que sus votos no contribuirán aupar a un presidente independentista. y Pere Aragonés, el hombre fuerte de ERC, dice que no cuenta para nada con unos socialista que no comparten su proyecto soberanista.  Es el juego de la política, ninguno de quienes pueden verse obligados a ser socios, quiere ser el primero en reconocer su interdependencia. Y sin embargo es la mejor de las soluciones en cuanto a estabilidad para ambos gobiernos.

Tras la reunión de Barcelona, Sánchez salió con la impresión de que había ganado el envite, que había dejado descolocado a Quim Torra, que tardó poco en reaccionar y volver a poner condiciones que entorpecen el diálogo y a hacer que ERC volviera a posiciones alejadas del pragmatismo, mientras que lejos de suspenderse la judicialización de la políica aparece en el horizonte una nueva ofensiva judicial que puede afectar al presidente del Parlament, Roger Torrent.

Hasta que ERC no resuelva sus dilemas, el Gobierno está en sus manos salvo que haya un acuerdo firmado. De no ser así, fiarse de ERC, es un riesgo muy alto para el Ejecutivo.