TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Un pie

Todo dependía de aquel papelito. Un post-it de los pequeñitos, apenas 10 centímetros cuadrados de viejo árbol convertido en celulosa en los que estaban basadas todas nuestras esperanzas. Queríamos al chico con todas nuestras fuerzas. Nos daba todo lo que no teníamos: ilusión renovada, pegada, descaro, insolencia y esa falta de respeto a los códigos no escritos que todo rebelde debe llevar por bandera.

Flotábamos por la habitación, porque aquello no era ni caminar ni estar sentado: nos jugábamos mucho en esa espera. Al otro lado de la puerta se estaba trazando la línea entre la esperanza o la más sonada de las decepciones. Los 10 que allí nos reuníamos habíamos levantado el pulgar al regreso del muchacho. De izquierda a derecha, según los veía, dos directivos, un capitán, el entrenador, otro capitán, el director deportivo y tres directivos más… y yo (o usted, o su mejor amigo, solo uno más) en representación de toda la afición al fútbol en este bendito país.

Faltaba humo, ese humo ochentero que inundaba cualquier estancia y que, en el fondo, pensábamos que nos ayudaba a masticar la tensión. Sí que había uñas mordidas, piernas nerviosas, rebeldes gotas de sudor inesperado, pies inquietos…

Todos estábamos de acuerdo en una cosa… pero el dichoso papelito la podía tumbar. Le habíamos dicho claramente al doctor que no queríamos análisis sesudos, terminología incomprensible o informes oficiales: «apto» o «no apto». Dos horas y media después, se abrió la puerta…

(Valga la fábula para constatar una realidad poco comentada alrededor del fichaje de Neymar: al margen de los 180 millones, de los posibles trueques, del rebelde y del jugadorazo, hay un pie derecho con una lesión recurrente, sin duda preocupante y tan vez carísima).


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