SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


La utilidad del chantaje

Hace una veintena de años, en una remota aldea de los Andes peruanos, una compañera de viaje me hizo ver  algo que se escapaba a mi superficial percepción de aquellas gentes. Los niños no lloraban, así se hubieran machacado un dedo de la mano como era el caso. Aquel crío no puso ni siquiera mala cara en el momento de recibir el agua oxigenada sobre la herida abierta. Enseguida nos dimos cuenta de cual era la razón de tan curioso comportamiento; el llanto, allí, no servía para nada. Nadie hacía caso a los pequeños y por lo tanto era un mecanismo inútil que, por lo visto se les había atrofiado.  
En España solemos decir que el que no llora no mama, pero para la cuestión que me ocupa, más valdría asegurar que el que no mama es que carece de elementos de chantaje para forzar la voluntad de ese o esos a lo que se les exige lo que sea. En este escenario nos encontramos ahora en nuestro país. El Gobierno de Sánchez nos está enseñando el camino para dar fuerza a nuestras demandas, y desde luego no pasa por ser más educados y mucho menos por esgrimir las razones por inapelables que sean. Al inquilino de la Moncloa sólo le dobla la cerviz aquel que le tiene pillado por donde más le duele, esa parte delicada que apoya confortable en el sillón presidencial. Las pelotas, para ser más explícito. Cataluña se está saliendo con la suya, al menos en la parte que más nos va a afectar a corto plazo. La extorsión servirá para redireccionar fondos públicos a espuertas, con la evidente consecuencia de que los territorios despoblados nos vamos a comer los mocos, como es habitual, aunque, eso sí, podremos presumir de que ya saben que existimos como Teruel y por eso nos han puesto un ministerio de lo más molón con una  ministra florero y todo.
Volviendo a los inicios de esta columna; Ya sé porque los sorianos somos tan poco proclives a la protesta enérgica, a ese llanto propio de los niños que berrean cuando quieren teta  y su madre se la ofrece. Se nos ha atrofiado el mecanismo a la vista de que no nos resulta útil y, como mucho, somos capaces de poner cara de pena y soltar un ¡mecachis! cuando nos volvemos de vacío de Madrid, de Valladolid e incluso de Europa.
Dicho esto, la dinámica que establece el actual gobierno es muy peligrosa. Los sorianos, con nuestra población mínima y menguante no llegaríamos muy allá en una guerra declarada, pero en la Piel de Toro ya hay muchos que han constatado los buenos resultados de la amenaza y la extorsión y podrían echarse a la calle a por lo que quede en la caja, que dudo que sea mucho, visto el panorama.



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